Jehová Quitó

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Job 1:22 resume la vida de Job. La vida de Job demuestras la terrible maldad de Satanás; bajo la solicitud de hacer daño a Job, Satanás inflige un dolor emocional, social y físico sobre la vida de este anciano. Su propia esposa, angustiada por las pérdidas, actúa con “necedad” (con cabeza hueca, sin pensar en lo que dice), y le dice a Job: “¿Aún retienes tu simplicidad? ¡Bendice a Dios y muérete!” (v. 9). A pesar de la vida de salvación que ella tenía, esta mujer ha perdido todo interés en la vida, y prefiere ver a su esposo muerto que lleno de sufrimiento. Al final del libro de Job, esta misma mujer es bendecida con más hijas, y restaurada su frustración, donde probablemente entendió la causa y propósito de todo ese sufrimiento en la vida de su familia.

Pero el libro de Job se enfoca en el viejo patriarca, para demostrarnos que el hombre más justo, amable y fiel a Dios, seguía ocultando un pecado que solo Jehová podía ver. Ni siquiera Job lo comprendía. Job tuvo que reconocer su falta de comprensión, y cómo Dios, en su infinita gracia, usó el sufrimiento para que le conociera más, y comprendiera su amor, y se arrepintiera de aquel pecado. Tanto Job como su esposa, fueron grandemente bendecidos al final de sus vidas, y restaurados en todo. La pérdida de sus 10 hijos quizá nunca se olvidó, pero la esperanza de la resurrección y volverlos a ver les fue de soporte en esos momentos tan difíciles (Job 9:25-27).

Al final, Job comprende que lo que él pensaba saber de Dios realmente era “de a oídas”, un rumor y no verdad (Job 42). Muchos creyentes viven en un rumor, sin entender la verdad de la gracia de Dios y del poder de Dios. Job sufrió, pero ese sufrimiento hizo que “sus ojos vieran a Dios”. El sufrimiento, entonces, no es negativo ni es tampoco “malo”, cuando es Dios quien lo guía para perfeccionarnos y levantarnos.

Pablo dijo: “Puestos los ojos en Jesús, el Autor y Consumador de la fe…” (Heb. 12:2). La vida es difícil, y siempre lo será; todo causa del pecado de Adán. “Pero confiad, yo he vencido al mundo…”, dijo nuestro Salvador. Tengamos esperanza, no importa que tan oscuro sea el tornado, y cuán violenta sea la tempestad de la vida; el Cristo glorioso ha vencido, y con él todos los que han creído y le han recibido como Salvador de sus vida.

“Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos. Todas vuestras cosas sean hechas con amor” (1ª Corintios 16:13-14).