Llenos del Espíritu

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Es común encontrar personas que andan buscando “ser llenos del Espíritu”. Regularmente estas personas oran mucho, asisten a la iglesia, piden a Dios perdón por los pecados, viven una vida esforzada para ser santos, e incluso dicen “hablar en lenguas”… pero siguen insatisfechos en sus corazones y espíritus. El Apóstol Pablo, en Gálatas 3:16 y Efesios 5:18 nos dice como ser “llenos” auténticamente del Espíritu Santo. La llenura no es un “acto que hacemos”, ni una “experiencia extrasensorial”, es simplemente *obediencia*. Si observamos ambos textos, observamos que son tan similares que pareciera que Pablo hizo copia uno del otro: Los dos mencionan una fuente que produce efectos integrales en el creyente. En Gálatas la fuente es la Palabra de Cristo, mientras que en Efesios es el Espíritu la fuente de estos efectos, pero en ambos pasajes los efectos son los mismos: Una serie de alabanzas de adoración que resultan en edificación colectiva y exaltación del Señor.

Esto nos enseña que la verdadera “llenura” del Espíritu Santo es la obediencia a su Palabra, o en palabras de Pablo, del ser “llenos de la Palabra de Cristo”. Entre más estudiamos y aplicamos a nuestras vidas las Palabra del Espíritu Santo, es decir, las palabras de la Biblia, tanto más crecemos y somos “llenos” de Él. Obsérvese, con detalle, que en Efesios 5:18 la “llenura” es el paralelo opuesto de ser “embriagado”; en tanto que el licor produce “disolución o libertinaje”, afectando la razón para mal y ridiculizando con pecado al ebrio, la llenura del Espíritu Santo afecta la razón y los actos para el bien, enderezando al hombre, a su mente y su espíritu en la correcta dirección que debe seguir.

Ser “lleno del Espíritu” jamás es estar saturado de jerigonzas inexplicables e incoherentes; tampoco es la verborragia espiritual que motiva a otros y los hace elevarse falsamente en un sentimiento temporal de victoria, que se manifiesta únicamente en un culto o una irracional forma de vida. La verdadera llenura se evidencia en la obediencia a las Escrituras, a la razón sujeta al intelecto de Dios reflejado en su Libro.

Usted se dará cuenta que realmente está lleno del Espíritu Santo cuando la Escritura es la base de fe, de sus acciones y de sus emociones. Cuando el libro de Dios controle su alma, y eleve su espíritu a Dios, es cuando definitivamente podrá saber que está lleno del Espíritu Santo. Muchos que dicen ser llenos del Espíritu, ni siquiera han leído una vez el Libro por completo, ignoran el contexto, su esencial interpretación que busca conocer su mensaje original, y viven sacando versículos o partes de ellos para apoyar sus propias ideas, a las cuales, en un intento vano de orgullo, asumen son producto del Espíritu Santo, solamente porque las emociones se elevan un poco.

El profeta dijo: “A la ley y al testimonio! Si no dijeren conforme a esto, es porque no les ha amanecido” (Is. 8:20), teniendo en mente a los falsos profetas que pretendían hablar y ser controlados de Dios, pero ignorando la ley escrita. Del mismo modo hoy, muchos pretenden hablar por Dios, y ni siquiera saben interpretar un texto. Toda profesión requiere años y años de preparación; pero el pecado y la humanidad caída asume que el Libro de Dios tiene que ser interpretado “místicamente”, sin necesidad de preparación, a pesar de que la misma Escritura afirma que es necesario crecer en “su sabiduría y ciencia” cada día, demostrando la necesidad de un estudio sistemático y formal de ellas.

No se deje engañar. ¿Desea ser lleno del Espíritu Santo y disfrutar de la libertad en Cristo? Entonces comience leyendo la Escritura, meditándola en su corazón y aplicándola a su vida. No es para otros, es para usted su estudio y meditación. Si tiene la oportunidad de estudiar en un Seminario, aprovéchela, no deje pasar su oportunidad de aprender, crecer y aplicar correctamente el Libro de Dios; porque entre más lo conozca, más lo entienda y más lo aplique a su vida, tanto más será controlado (lleno) del Espíritu Santo.