Al que hubiere Vencido

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“Al que haya vencido, y haya guardado mis obras hasta el fin, yo le daré potestad sobre las gentes” (Apocalipisis 2:26).

El tema principal de este versículo es “el que haya vencido”. La victoria es la meta y fin de todo ser racional; alcanzar la victoria se ha vuelto, no obstante, un intento fallido en la mayoría de las personas. Muchos fracasan en el trabajo, en el estudio, en la adicción, en la familia, en los emprendimientos. El fracaso, más que la victoria, ha sido el oscilante de la vida de cada persona. Por esta razón, es común ver buscar ganar la victoria a todo costo, incluso si esto requiere hacer daño a otro, aunque sea de la fe. “No se puede confiar en nadie”, decimos, con justa razón.

Este concepto es el concepto de las Escrituras: “ Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová.” (Jer. 17:5). Debemos aceptar que la vida humana, sumergida en el pecado nos da este ambiente de competencia desleal. Pero Apocalipsis no se preocupa de la competencia desleal, sino de la fidelidad del competidor, sea que tenga que vencer con o sin competencia desleal. Los vencedores obtendrán potestad de regir las naciones.

¿Y quienes son los vencedores? En 1ª Juan 5 encontramos a los vencedores: todos aquellos que han creído en Jesucristo como Salvador de sus vidas. La fe, colocada en el Salvador, es la que nos hace vencedores; no es nuestra la victoria, sino del Señor.

¿Y cuáles naciones van a regir con vara de hierro? Primero, la “estrella de la mañana” es Cristo mismo, y quien vence, tiene al Cristo Vencedor; y debido a que es Cristo a quien tienen, podrán reinar con Él. Jesús dijo: “como yo recibí del Padre”; el gobernar de la iglesia es solo la extensión del gobierno de Cristo, y es el Cristo gobernando que nos hace partícipes de estas promesas. No indica que seremos reyes de naciones físicas en el milenio, sino que cuando Cristo gobierne, igualmente nosotros estaremos disfrutando de ese gobierno glorioso. Y esta es, mi estimado hermano, esta es la Victoria que Jesús ha prometido y que usted ya tiene ganada por la obra redentora de Cristo, y por su fe en Él.

¿Es usted salvo? Entonces entiende lo que es creer en Cristo. ¿Tiene dudas y temor de perderse? Amigo, le hace falta decirle a Jesús que le salve, extendiendo su corazón para recibirlo como Salvador. Y el día para que usted sea salvo y reciba a Jesucristo como su Salvador personal es hoy. Confíe en lo que Él dice, y abandone toda religiosidad que haya cultivado en su vida; deje de ser un fracasado y pase a ser un victorioso en Cristo Jesús.

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