Mujer Virtuosa

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Mujer fuerte, ¿quién la hallará? Porque su estima sobrepuja largamente a la de piedras preciosas” (Prov. 31:10).

¡Maravillosa pregunta del Proverbista! Cada vez más nuestra sociedad carece de mujeres “fuertes”. La palabra “fuerte” (traducida en la RV60 como “virtuosa”), es un término hebreo que refiere a “fuerza; potencia, potencialidad; poder; riqueza; propiedad; capacidad; valentía; ejército; tropas; influencia; séquito” (Vine), y hace referencia a aquella mujer que a pesar de todas las circunstancias en la vida es luchadora, esforzada por su familia, de fe, con paciencia y anhelos de trabajo para el bienestar de su esposo y de sus hijos. El Proverbista ve a una mujer cuya entereza es envidiable por el mismo hombre, el cual reconoce su fuerza y su riqueza en la personalidad.

No todas las mujeres son virtuosas, pero hay muchos en este mundo; y aquellas que han creído en Jesucristo han demostrado su valentía y su fuerza cuando se han acercado a Él a pesar del rechazado de un marido impío, de hijos indiferentes y de hermanos despreciativos. ¡Qué virtud la de la mujer entregar a Aquel que le redimió! La lucha del rechazo religioso, y la supresión de su dignidad por haber nacido mujer, no han sido causa ni motivo para no dejar de luchar, de vencer y triunfar tomada de la mano de Dios.

En su fuerza, el marido haya “confianza”, y se siente tranquilo (v. 11), no teme ni se amedrenta ante ella; pero tampoco la agrede ni la ridiculiza, sino que la alaba y la exalta (v. 28); y bien por él, que tuvo la capacidad de valorar y ver el precioso regalo que le fue dado. Los hijos la respetan, la aman y la cuidan. Este valor es más que bien merecido, debido a su superioridad femenina ante un mundo decadente.

Cada vez es más hermosos el cuadro que Proverbios describe de esta mujer, porque es compasiva, generosa, aplicada a aprender cualquier cosa con tal de cuidar y sustentar a su familia; es sincera, directa, consagrada. El esposo se reconoce, no por sus virtudes, sino por las manos secretas de su esposa, quien lo cuida y vela por su apariencia, al punto de que “Conocido es su marido en las puertas, Cuando se sienta con los ancianos de la tierra” (v. 23). Una honra que adquiere un varón por la acción fiel de una gran mujer. “Detrás de cada varón hay una gran mujer”, dijo en alguna ocasión Billy Graham, no obstante, me parece que delante de cada gran mujer hay un varón beneficiado por su entrega.

La belleza y la hermosura son estructuras sociales que hacen apocar la verdadera grandeza y fuerza. El cuerpo bello no es más que un pasajero atisbo de la grandeza del Arquitecto y Diseñador, y no es un don que Él halla dado de forma permanente; un día esa belleza se irá y se esfumará todo atractivo a la vista humana; solamente permanecerá la fuerza, si la hubiera, la dignidad y la entrega de aquella mujeres que conocieron de primera mano la importancia de ser fuertes en el Señor, obedeciéndolo, siendo puras, manteniendo su santidad, viviendo para Él.

“Engañosa es la gracia, y vana la hermosura: La mujer que teme a Jehová, ésa será alabada. Dadle el fruto de sus manos, Y alábenla en las puertas sus hechos” (v. 30-31). Gracias al Señor por esas mujeres que temen a Jehová, que no se guían por la sociedad, las ideologías y las opiniones humanas, sino que apegadas a las Escrituras, reconocen su dependencia de Dios, su necesidad de salvación, y con humildad aceptando el precioso regalo de la vida eterna, se transforman en mujeres fuertes, cuya fuerza viene del Señor.

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