¡¡Trabajad!!

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*“Trabajád, no por la comida que perece, mas por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del hombre os dará; porque a éste selló el Padre, es a saber, Dios”* (Juan 6:27; RV1865).

El valor del trabajo se consideró valioso ya muy avanzada nuestra sociedad. Anteriormente el único que valoraba el trabajo era aquel que necesitaba de él, porque todos valoraban solamente los resultados del trabajo. El trabajo se consideraba por niveles, y un trabajo “indigno”, como lavar los pies de otra persona, era considerado de extrema humillación, y por eso habían esclavos para hacerlo.

Jesús tomó este concepto humano (que aún prevalece y seguirá hasta el final), para mostrar el verdadero objeto del valor del trabajo. Todo trabajo es digno, pero hay uno que supera a todos: “el que produce comida de vida eterna”. Este trabajo es un reconocimiento del crecimiento en la doctrina de Jesucristo, en el desarrollo de su enseñanza. Si una persona dedica tiempo a entender y comprender las Escrituras del Señor, no solo será salvo, sino que adquirirá el verdadero objetivo de trabajar para el Señor.

Muchos cristianos celebran su trabajo y sus recursos yendo a la playa, paseando y olvidándose de ir a dar las gracias a Aquel que le ha dado el trabajo. En toda comunidad siempre hay nueve leprosos, que solamente quieren recibir lo que anhelan, y olvidar para siempre a quien les ha dado todo cuanto tienen. ¡Qué malagradecidos somos cuando olvidamos el origen del trabajo! Y aún peor somos malagradecidos cuando olvidamos darle a Dios nuestra vida cuando Él nos salvo de la muerte.

Es muy fácil llamarse “cristiano”, pero es muy difícil demostrarlo. Este Continente está lleno de cristianos sin cristianismo, y de cristianismo sin Cristo. Un “evangélico” moderno es muy parecido a un católico tradicional: Van a la iglesia, comulgan, cantan, se desahogan y regresas a sus pecados habituales libres de la “bolsa de pecados”. La gente vive por obras; pocos entienden lo que significa “vivir por fe”, porque la mayoría no lee ni estudia las Escrituras; ha sido la oscuridad que ha alcanzado a todo el cristianismo: todos acuden a Confesiones, Encíclicas o Declaraciones, pero nadie puede usar la Escritura acertadamente por la ignorancia que tiene. ¡Cuántos no le tienen miedo al Libro de Dios porque se volverán locos! Son como el enfermo que no toma su medicina porque cree que la misma es un veneno.

Y que triste aún con tanto pseudo pastor, inventando doctrinas de donde puede, convencido en su propia mente carnal de que lo que dice “es palabra de Dios”, pero no sabe como adquirir la idea central de un sencillo texto. ¿Ha notado que la mayoría quiere hablar de Dios y establecer su opinión, pero cuando se le ofrece estudiar siempre tienen una excusa? Muy fácil decir “Yo opino”, pero que difícil es poder decir: “Dios ha dicho”, con la autoridad y la firmeza que dicha palabra conlleva.

El pentecostalismo moderno, heredando la idea errónea de que no es necesario estudiar las Escrituras, ha alcanzado grandemente a la mayoría de los fieles en un espiritismo con sabor a cristianismo. Y los protestantes más modernos, en su búsqueda ecuménica de unir una iglesia invisible y espiritual, han llegado a adoptar el culto, las prácticas y las costumbres de carismatismo, el pentecostalismo y, en algunos sectores, el catolicismo. Ya nadie quiere trabajar por el Señor.

Debemos trabajar por la comida que nos lleva a vida eterna, ya que la otra comida es temporal y terminará absolutamente. No hay nada que dure en este mundo; todo se va con nuestra muerte. Los que creen que no hay vida más allá, como los que se engañan pensando que todos van al cielo, tendrán que enfrentar la verdad cuando la vida se acabe. Y es allí cuando entenderán, ya muy tarde, sobre la necesidad de haber trabajo por la comida imperecedera.

Muchos cristianos llegarán ante el Señor con las manos vacías; el mismo Jesús y los ángeles se cubrirán sus rostros en señal de vergüenza por un hijo que no trabajo en nada, y haber desobedecido: “Nadie se presentará delante de mí con las manos vacías”. Allí recibiremos el pago justo de lo que hayamos hecho en el cuerpo, sea bueno o sea malo. Allí muchos cristianos sabrán el verdadero valor, acompañado de temor, del trabajo que no apreciaron.

¿Cómo dará gracias a Dios hoy por la provisión que le ha dado? ¿Irá a reunirse con la iglesia a darle gracias, o irá con el gentío mundano a disfrutar el “día libre”? Cada vez más el cristianismo es más mundano que cristiano. Y vamos en el mismo camino que España e Inglaterra, abriendo camino para que las falsas doctrinas, demoníacas y perversa, arrastren a nuestros hijos y ciudadanos en el más oscuro dolor espiritual.

¿Qué hemos aportado a la causa de Dios? Cuando lleguemos al cielo, ¿cuál será el récord que tendremos en el libro de Dios? ¿Estará lleno de viajes, paseos, playa, Sol y arena, y nada para su reino? ¿Qué habremos obtenido por no trabajar y valorar el trabajo delante de Dios, que nos da fruto para vida eterna? Porque el ser salvo no le exime de ser responsable por hacer la voluntad divina. ¿Qué sucederá con usted en la eternidad?

*Lea, estudie y practique la Biblia*

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