Eliú Reprende a Job

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“Pero no son los más sabios los que tienen mucha edad, ni los ancianos los que entienden el derecho” (Job 32:9).
 
Eliú era el amigo más joven de Job. No se sabe que edad tenía, pero era evidentemente más joven que Job y sus amigos Elifaz, Bildad y Zofar. Eliú había estado esperando aprender algo de los viejos, y esperaba con cierta incertidumbre las palabras del viejo Job. Pero llegó un momento en que Job se justificó tanto a sí mismo, que Eliú interpretó esto como una equivocación extrema donde Dios era culpado. En su discurso, Eliú procura dejar claro que él no está defendiendo a Dios, porque afirma que Dios “no da informes a nadie” (Job 33:13), es Dios, no tiene obligación alguna en explicar por qué hace las cosas. Con Job habían cuatro amigos, todos viejos menos Eliú; Dios se enoja con los viejos, pero no contra Eliú. Los viejos no eran sabios y sus palabras eran solo razonamiento humano. No había nada de divino en sus opiniones, incluyendo la de Job.
 
Así, Eliú, con temor, se atreve a expresar su opinión al respecto, y aunque es más joven, sus palabras ciertamente son suyas por el Espíritu de Dios. En su razonamiento, Eliú afirma que Dios habla de cierta manera a los seres humanos para que le comprendamos; incluso afirma que lo hace hasta tres veces en la vida de una persona, repitiendo cada una de ellas. Y nos asombra cuando vemos esas formas en las que Dios habla:
 
1. Dios habla cuando dormimos (Job. 33:15-18). La frase “consúltelo con la almohada” es más que cierta. Dios habla a todos cuando están en la cama. La frase “por sueño” y “por visión nocturna” no se refiere a un evento sobrenatural donde Dios aparece y le habla a alguien, sino a las experiencias llamadas “pesadillas”, que luchamos por olvidar rápidamente (Job 4:13-21), las cuales nos enseñan nuestros errores, nuestros más hondos temores, y nos hacen recapitular nuestra vida, considerando la opinión de Dios. Incluso el ateo, cuando es enfrentado por sus peores pesadillas, reconsidera en la existencia de Dios. Estos sueños espantosos, que en ocasiones nos hacen pensar en lo fútil de la vida, pueden ser producidos por el dolor, la tristeza, la angustia o el sufrimiento (Job 7:11-21), y nos conduce a considerar lo insignificante y devaluado que está nuestro ser cuando solo dependemos de esta vida. Sí es verdadero que el sueño angustioso es el medio divino para despertarnos de nuestro aletargamiento espiritual. Incluso aquellos sueños que parecen “bonitos” cuando los leemos en las Escrituras, produjeron temor y un cambio de actitud y de vida de quienes los experimentaron. Así pasó con Jacob, así pasó con Moisés, así pasó con el profeta Isaías… pero estos sueños dejaron de darse cuando el Espíritu Santo vino, y cubrió la faltante que teníamos, ya que Dios habló una vez y para siempre en Cristo (Heb. 1:1-3). Sin los espantosos sueños que despertaban al más valiente, dejándole expuesto ante la grandeza de Dios, los creyentes obedientes duermen tranquilos, sin sueños ni pesadillas que alteren su descanso. Cuando tengamos una pesadilla, y nuestro sueño nos despierta inquietos, debemos pensar si algo en nosotros nos alerta de un alejamiento de Dios o un descuido de su Palabra.
 
2. El otro medio que Dios usa, dice Eliú, es la enfermedad (Job 8:19-33). La enfermedad nos hace entender que el placer incalculable de comer un sabroso bocado es tan pasajero como la fuerza en el cuerpo del hombre. Eliú le dice a Job que a pesar de estar moribundo, flaco y sin fuerzas, hay esperanza en el perdón de Dios, y hay consuelo en la promesa de su resurrección (v. 24-25). La enfermedad, en el discurso de Eliú, conduce al hombre al arrepentimiento, a considerar su necesidad espiritual, reconociendo arrepentido sus pecados (v. 27) y recibiendo gozoso la redención de Dios (v. 28). “No hay mal que por bien no venga”, decían nuestros abuelos, en su sabia expresión de un conocimiento cristiano que cada vez se aleja más de Dios.
 
Estas dos acciones divinas, interrumpiendo el sueño o quitando la salud, tiene el propósito de conducir al hombre al arrepentimiento, para apartar su alma del sepulcro e iluminarlo con la luz de los vivientes (Job 33:30). ¡Qué hermosa compasión divina, al usar castigos temporales para librarnos de los eternos! ¡Qué maravillosa verdad de que los salvados somos libres por la verdad del Evangelio!
 
Si usted tiene sueños o pesadillas, pregúntese qué no ha cambiado; qué hay que deba enmendar, corregir o adquirir. ¿Medita realmente en la Biblia diariamente? ¿Realmente acude a Dios en oración, y ruega por la respuesta acudiendo al Libro perfecto? ¿Ha entendido el camino de Dios para que su vida cambie?
 
Lea, estudie y practique la Biblia.

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