Yo Soy la Vid

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“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que está en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque sin mí nada podéis hacer” (Juan 15:5).
 
La vid es la planta de uvas; el viñedo es la plantación de plantas de uva; el jugo de la vid es el producto de la uva prensada. Disfrutamos del rico jugo de la vid gracias a que las ramas, llamadas “pámpanos”, pueden producir uvas gracias a la rica savia que la vid les provee mediante su unidad perenne. Una rama separada no sirve, y se seca rápidamente. Sigue siendo una rama de vid, pero muerta.
En la antigüedad era costumbre injertar uva silvestre con uva de Palestina para mejorar su producto, y así comenzaron a nacer varios tipos de uvas. Ellos sabían que cuando un pámpano era cortado, debía ser injertado en una planta nueva, o ese injerto moriría. Pablo usa esa figura en Romanos, pero hablando del Olivo… otra forma de mejorar el aceite de oliva para el consumo.
 
Cuando Jesús dice que Él es la vid, se identifica con la esencia y origen de la rica savia, el Espíritu Santo, que vive por cada uno de sus hijos. Cada discípulo es un pámpano dependiente de Jesús, y solamente puede llevar fruto cuando está en Él. Un pámpano lejos de Jesús nada puede hacer. Nosotros no podemos hacer nada en el servicio a Dios alejados de Jesús; lo que hacemos es ser muertos vivientes sin fruto, enfermos, incapaces y débiles. Un pámpano lejos de la vid se seca; siempre es un pámpano, pero seco. En 15:1, dice Jesús que el Padre es el Labrador, y que es el Padre quien vela por ver cuál pámpano da fruto y cuál no da fruto. ¡Menudo problema del creyente al ser examinado por tan Ilustre Labrador! En el verso 2 dice que el que no lleva fruto “lo quitará”; la RV usó el término “quitar” porque en el año 1562 significaba “quitar del suelo”, y equivalía al sentido griego de “levantar”. Cuando un creyente no da fruto, el Padre lo “levanta”, lo conduce y guía para que dé fruto. Y el que da fruto, lo “limpia” para que dé más fruto… la limpieza es quitar las hojas muertas y ramitas subyacentes que no producen nada, un proceso doloroso de por sí. Pero ese dolor de corte y limpieza hace que se dé más fruto.
 
Cada creyente está limpio por la Palabra de Jesús (15:3), y esto equivale a salvación. El “permanecer” no significa que la salvación se puede perder, significa que podemos dejar de dar fruto si no permanecemos en Él. El énfasis es el fruto, no la salvación. Jesús dice que “El que en mí no estuviere, será echado fuera como mal pámpano, y se secará; y los cogen, y los echan en el fuego, y arden” (v. 6). ¡Qué triste condición del creyente que se aleja de Dios, porque no solamente es echado fuera como un pámpano malo, sino que al final son recogidos y echados al fuego, donde arden. Esta es una clara evidencia de que todo el vivir cristiano no sirvió, aunque fue salvo. Pablo usa la misma figura de arder en 1ª Corintios 3, cuando dice que la “obra será probada por fuego”… ¡qué gran hoguera encenderán muchos cristianos con su mal cristianismo! Sí, son salvos; sí, son hijos eternamente de Dios, pero están tan secos que sus obras arden como la hojarasca.
 
El concepto del contexto acerca del fuego es sobre el fruto; si una rama no da fruto, se corta y se desecha; es tan seca que el fuego la consume. Parece que es este pasaje el que le da la claridad a 1ª Juan 5:16, donde se afirma que el creyente que peca constante y permanentemente, morirá por su pecado. Vivir en pecado, lejos de Dios, no solo consume al creyente llevándole a la peor condición mundana, sino que queda expuesto a ser destruido por su falta de corrección en su vida.
 
Cada creyente es hijo de Dios, es eternamente seguro, pero es igualmente responsable de sus actos y decisiones. Por eso, cuando vemos creyentes sumergidos en sectas, nos damos cuenta de que el espíritu de este creyente está separado de Jesús. Muchos se afilian a sectas sabatistas, otros a sectas fatalistas, otros a sectas carismáticas… son salvos, sí, pero desconectados de Jesús. Nuestro deber es enseñar la verdad, y quienes tienen a Cristo la comprenderán, y si deciden obedecer, serán levantados por el Padre, para que den fruto en Cristo.
 
¿Estás unido a Cristo Jesús por la fe? No le pregunto si es bueno, le pregunto si es salvo, si tiene la seguridad de la vida eterna. Y si está unido a Cristo por la fe, ¿está igualmente unido por la obediencia a la Palabra de Dios? Porque no es fiel quien solo cree, sino aquel que obedece. ¿Quieres seguir creciendo y madurando en Cristo? ¡Ponga sus ojos cada vez más en Él por medio del estudio de la Escritura!
 
Lea, estudie y practique la Biblia.

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