Si abortare

Compártelo en tu Red Social

“Si algunos riñeren, e hirieren a mujer embarazada, y ésta abortare, pero sin haber muerte, serán penados conforme a lo que les impusiere el marido de la mujer y juzgaren los jueces. Mas si hubiere muerte, entonces pagarás vida por vida” (Éxodo 21:22-23).

No hay mayor belleza que una mujer embarazada. La mujer, aunque no haya tenido hijos, es dadora de vida, y debemos celebrarle esa hermosa característica que solamente ella ostenta entre los hombres.

No obstante, ante la normativa de defensa por matar sin responsabilidad a los inocentes, un mal llamado “derecho de aborto”, algunos “eruditos” han interpretado este pasaje de Éxodo 21 como una prueba de que la vida de la madre está sobre la vida del niño no nacido, y que por tanto, Dios no considera al niño no nacido con los mismos derechos que la madre. No obstante, el análisis correcto del texto nos indica realmente todo lo contrario.

El primer argumento que presentan es acerca del uso del término “muerte”, que en hebreo es “אָסוֹן(asón), y que significa tanto “tragedia, daño”, y suponen que si se traduce como “daño”, como hacen las Biblias modernas, se especificaría que se refiere al daño de la madre, y no del niño, el cual, si fue abortado, pero la madre no muere, solamente habría que pagar “el daño”. Sin embargo, aunque el término podría ser traducido “daño”, no obstante el sentido sigue siendo el mismo que muerte, como veremos más adelante, y que por tanto, no exime la responsabilidad sobre el niño mismo. Porque el término “asón” se refiere a una “tragedia que termina en muerte”; y obviamente que incluye a los dos individuos, a la madre y al niño.

Lo segundo que argumentan es que es el único verso donde se menciona específicamente una ley acerca del aborto, y no es tan “inclusiva”. No obstante, cuando leemos con cuidado, el texto incluye principalmente al niño, ya que habla de “abortar”. La palabra “abortar”, en hebreo significa literalmente “traer fuera”, incluyendo la idea de tragedia. Y aunque se emplea como un verbo de “quedar libre”, incluye la idea de “forzadamente”. En el texto de Éxodo, el verbo “abortar” incluye exclusivamente al niño, y por tanto, la palabra “muerte” o “daño” debe aplicarse tanto a la madre que es golpeada, como al niño que es abortado.

Lo tercero que se argumenta es que el niño es un “feto”. En español, el término “feto” significa “Embrión de los mamíferos placentarios y marsupiales, desde que se implanta en el útero hasta el momento del parto”. Viene del latín “fetus”, (“acción de parir en sentido original”). La palabra latina, contrariamente a su significado castellano, designaba al producto del nacimiento: cría, camada o retoños y se aplicaba preferentemente al mundo animal, no a las personas. Con la llegada de la religión “atea”, que realmente es una religión antigua llamada “materialismo”, el término se aplicó a las personas. En las Escrituras, no obstante, nunca se le llama “feto” al ser humano en gestación, sino que se le llama “embrión” (Salmo 139:16). La palabra hebrea para “embrión” es “gólem”, ‘envuelto’, como protegido por algo. Dios miró al embrión durante su “envoltuta”, mientras estaba en el vientre, cubierto o envuelto por la placenta, la mejor protección ante la enfermedad, el dolor y la angustia del pequeño bebé. Por eso, regularmente los pastores y predicadores no usamos el término “feto” (como un producto), porque Dios nos dice que es una persona, y por tanto, le llamamos “niño en gestación” o “niño no nacido”, porque es persona, desde el momento de su concepción.

Ahora bien, la correcta interpretación de este texto debe incluir varios factores determinantes que nos ayudan a comprender su mensaje:

  1. Los versículos 22–23 son básicos para la posición en favor de la vida respecto al aborto, porque indican que abortar equivalía a asesinar al niño. La parte culpable era castigada como asesino («vida por vida») si la madre de la criatura nonata, o ambos, morían. Véase también el Salmo 139.13–16.
  2. Es un aborto producido en medio de una riña. Dos hombres están peleando y hay una mujer encinta en medio de la pelea. No es un aborto provocado, planeado o decidido por la madre.
  3. Ahora bien, cuando un aborto es ocasionado por accidente, es decir, sin el consentimiento de la madre, pero ambos viven, solamente debe “pagarse lo establecido por el padre de familia y los jueces”, es un proceso judicial donde el padre puede interponer demanda por daños y prejuicios.
  4. Pero en caso de que haya “muerte”, el asesino debe morir, aunque haya sido un accidente. La muerte incluye a dos personas: a la madre y al niño. En el caso de un aborto por golpe, regularmente la madre sale viva, pero el niño puede morir. En este caso, si el niño muere, entonces el asesino debe pagar con su vida.
  5. En el verso 23, la frase “si hubiere muerte” (o daño mortal), entonces se paga con la muerte. Y observamos que el término deja claramente incluido al niño abortado. Un niño abortado si está “muerto”, ¿no se considera como muerte? Obviamente que sí.
  6. La Biblia considera que los hijos antes de nacer son personas (Sal. 139:13-16), y que Dios tiene cuidado de ellos.
  7. En Job 3:16 se menciona que los abortos, aunque sean en oculto, están expulsando “niños”. La pequeña criatura es la imagen y creación de Dios.
  8. En el Salmo 58:8 se menciona que los “abortivos” no ven el Sol; una referencia a un nacimiento de un niño muerto. El concepto de salir antes del proceso natural de dar a luz, por causa de muerte, aún se le considera en la Biblia “nacimiento”.
  9. En el lamento de Jeremías 20:17 se afirma que un niño en gestación es una persona con vida; y morir en el vientre de la madre, le hubiera librado del dolor de esta vida.
  10. Pablo, en 1ª Corintios 15:8 se llama a sí mismo “abortivo”, en referencia a que él no pudo crecer a los pies de Jesucristo en su vida espiritual, como sí lo lograron los apóstoles. Para él el concepto no le quitaba el derecho apostólico, solamente le impedía un crecimiento más significativo que el de los apóstoles que nacieron espiritualmente a la sombra del Maestro.

Como conclusión, el aborto constituye definitivamente un mal terrible para la humanidad, porque es suprimir una vida humana. La Biblia demuestra que la vida comienza con la concepción, afirmando que Dios nos da forma cuando somos gestados en el vientre de nuestra madre (Sal 139.13). Incluso hubieron personas, como el profeta Jeremías y el apóstol Pablo, que fueron llamados desde antes de su nacimiento (Jer 1.5; Gl 1.15). Cuando un niño aún en el vientre escucha de Jesús, puede ser grandemente impactado en su vida de adulto. Juan el Bautista saltó en el vientre de su madre cuando se escuchó la voz de María, la madre del Señor (Lc 1.44). Obviamente, los niños ya poseen identidad espiritual desde que están en el vientre de sus madres.

Desde el momento en que ocurre la concepción comienza un proceso de desarrollo que continúa hasta la edad adulta. Dios condenó a los israelitas que sacrificaban sus hijos al dios pagano Moloc. Esos niños abortados a la fuerza o recién nacidos, eran consumidos en el fuego del sacrificio (Lv 20.2), ofrecidos a un dios de la sensualidad y las conveniencias humanas. Lo mismo ocurre en nuestros días con todo esfuerzo y propósito humano de asesinar bebés no nacidos, y al actuar de esa manera confesamos que los seres humanos no valen nada para nosotros, y que la perversa satisfacción personal está sobre la vida de otros. Esta es una terrible mancha en nuestra sociedad desde que Adán y Eva pecaron.

Aunque la Biblia no es más específica en el caso del aborto, la razón es que tal práctica era algo impensable para el pueblo de Dios. Cuando Israel estaba en Egipto, un Faraón cruel forzó a los israelitas a matar a sus niños recién nacidos; y se consideró siempre como el más alto exponente de la crueldad y opresión de un corazón oscuro y renegrido por el pecado (Éx 1:15–22). La idea de matar a sus propios hijos era anatema (una maldición que merecía la muerte) entre los hebreos. A todo lo largo del Antiguo Testamento, las mujeres soñaban con los hijos, porque los hijos se consideraban un don de Dios. Las mujeres imploraban no estar estériles. ¿Cómo puede una mujer creyente destruir a su propio hijo? El aborto no solo es inconcebible, sino el máximo exponente de la barbarie pagana. El Nuevo Testatamento aún es más enfático en la importancia de la vida y de la crianza de hijos mediante la “disciplina y amonestación”, que en lugar del castigo; dando aún mayor valor a los niños. ¿Cuánto más eleva Dios la vida de los pequeños, que heredaran el cielo?

Aunque nos oponemos al aborto, y oramos a Dios por la defensa de los niños, y apoyamos los movimientos y organizaciones a favor de la vida, también sabemos que todo niño asesinado es un alma salvada, ya que “de ellos es el Reino de los cielos”. La tristeza del aborto es confortada con la dicha de que todos esos niños son salvos, y gozan ahora de la presencia de su Dios y Creador, quien les salvó por la gracia que es en Cristo Jesús. Todo niño tiene los mismos derechos y oportunidades como cualquier otro sere humano.

También te podría gustar...