Elección

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La doctrina de la predestinación fatalista no es bautista… y eso de que «aborrece» al pecador, no aparece en la Biblia, es un invento calvinista. Dice que está «airado» todos los días contra el impío (Sal. 7:11), pero no es lo mismo estar airado que «odiar» u «aborrecer» a alguien, porque el verso 12 dice que espera que se arrepienta.. Es una mala exégesis del texto en cuestión. Solamente hay un texto en toda la Biblia que dice que Dios aborrece «al malo» (no al pecador, recordemos que las palabras «malo, pecador, impío, infiel, incrédulo» no son sinónimas, tienen sus propias connotaciones lingüísticas y textuales), que es el Salmo 11:5, y a pesar de eso, el énfasis está en las acciones del malo, no en la persona del malo. Y al leer el salmo 11, notamos que todo el énfasis en las acciones; este «odiar» es porque Dios castiga a quien ha determinado hacer mal a otro, y se deleita en ello. Pero en relación a que si odia o no al pecador, en Ezequiel 18 Jehová aparece diciendo que no quiere la muerte del impío, sino que se arrepienta. ¡Qué dificil ir a la Palabra sola, siempre va el hombre tras las ideas de otros hombres! Juan Calvino lo que hizo fue adoptar el agustinianismo y aplicarlo a su teología; cuando leemos la «institución», San Agustín y los «padres de la iglesia» son los que forman el espectro teológico de Calvino, no la Biblia. En muy pocas ocasiones Juan Calvino hace una exégesis de cada pasaje respetando el contexto; los usa de forma aislada, para apoyar sus ideas; es la forma en que todos los de la elección fatalista y la llamada «gracia irresistible» interpretan las Escrituras. Pero cuando vamos a cada texto y lo analizamos en su contexto, ¡qué diferente lo que dice en relación al calvinismo!

Un pasaje muy claro en esto es Romanos 9, donde se usa mucho para la predestinación individual, tomando fuera del contexto el verso 13, donde habla de dos individuos, no como individuos, sino como representantes de dos naciones; cuando vamos al texto del AT, Dios eligió y predestinó a la nación de Israel, pero cada uno de los chicos tuvo que creer a Jehová o rechazarle. Son elegidos y predestinados por la fe, no por un designio pasado. Los pactos teológicos no son pactos bíblicos, y el TULIP falla en su orden, de existir. Casi ningún calvinista sabe que los «redencionistas ilimitados» no creen que una elección fatalista. Tampoco reconocen que, aunque rechazan el libre albedrío, lo promueven en las predicaciones para ser santo, para leer la Biblia, para ser mejores… nada de eso tiene sentido si ya todo fue decidido en el tiempo pasado.

En el libro de Loraine Boettner, un teólogo calvinista, reconoce que «Todos hemos tenido experiencias en nuestra vida cotidiana en las que hemos rehusado hacer ciertas cosas; pero tras surgir nuevos factores, hemos decidido hacer libre y gozosamente lo que antes rehusábamos. Ciertamente nada hay en nuestra doctrina que justifique la aseveración de que, en base a principios calvinistas, los hombres son forzados a arrepentirse y a creer quiéranlo éstos o no» (La Predestinación, pág. 106). Luego se dedica a explicar su predestinación en la salvación. ¡Ni Juan Calvino negó la libertad de conciencia, la voluntad humana y la decisión del corazón! Una cosa es un alma sin luz, que no sabe elegir y que no puede elegir el bien, porque está en la oscuridad, y otra aquella que ha recibido la luz y ha decidido seguir en la oscuridad (Juan 3:20), pero quien practica la verdad, va a la luz… no son acciones autómatas, sino independientes.

Jacobo Arminio reconocía la imposibilidad humana por la salvación y alcanzar la gracia; él reconocía que la vida del pecador estaba destruida y era incapaza de buscar, desear o alcanzar la salvación (The Writing of Arminius, I, pág. 526). Él aceptaba que nada, absolutamente nada se podía hacer sin la iluminación del Espíritu Santo, y todos siempre escogerían el mal por falta de esta luz. ¿No le suena muy calvinista? El arminianismo de ahora no es el que enseñó Jacobo Arminio, como quieren hacer creer los calvinistas. Tampoco los bautistas enseñamos que el ser humano puede salvarse; sabemos que nadie busca el bien y que nadie es bueno (Ro. 3:10), y que todos están destituidos de la gloria de Dios (Ro. 3:22-23). Pero creemos, a diferencia de Arminio, que es solamente la luz del Espíritu Santo que convence de pecado de justicia y de juicio, y que por esta causa, con la luz del Espíritu Santo brillando, el corazón puede tomar una decisión correcta, y ser salvo. La fe es un don que todo ser humano tiene, y que fue dado para que, por medio de la luz del Espíritu Santo, pueda elegir; algunos eligen para salvación, pero otros voluntariamente rechazan para perdición.

Si la salvación fue decidida en el pasado eterno, antes de la creación, fue hecha en base a un supuesto, y por tanto, fue una fábula. Dios mintió y nos engañó, porque no podía salvar a hombre no creado, ni condenar al pecado aún no cometido. Indudablemente el calvinismo fatalista hace a Dios autor del pecado. Sería, incluso, Jesús un mentiroso, pues dice que muchos van a ir al castigo eterno, que no fue preparado para ellos, sino para el diablo y sus ángeles (Mt. 25:41), cosa que no sería del todo cierta, porque antes de crear al diablo y a los ángeles, Dios ya había decidido que allí irían los hombres impíos. Pero la Biblia enseña que el hombre no convertido irá al lago de fuego por su decisión, a pesar de que ese lugar no es para él. Ante esta realidad, incluso Boettner dice: «debemos aceptar la predestinación y elección por fe», pues, no puede ya torcer más lo que Dios dice sobre la elección y predestinación.

También tendríamos que cambiar textos donde dice que Dios da la oportunidad de ser salvos a todos, y de que Cristo murió por TODOS los hombres. Juan 3:16 dice que Jesús murió por «todo el mundo», porque Dios «amó al mundo» de una forma particular, la cual mostró en la cruz. Esto lo supo Pablo que expresó: «y él es la propiciación por nuestros pecados, y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo» (1 Juan 2:2). ¡Más claro no puede ser! La salvación ofrecida a todos, y todos amados por Dios.

Actualmente hay un grupo elegido, y es la iglesia. Cada iglesia local está formado por elegidos. Estos elegidos son eternamente salvados y son eternamente glorificados. Pero no fueron elegidos antes de creer, porque nadie puede ser elegido fuera de Cristo. Efesios 1:4 dice que «según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de él en amor» esta elección es «en Él», no para ser salvos, sino para ser «santos y sin mancha delante de Él». Todo el que cree en Cristo es un elegido en Él y tiene segura la santidad y la limpieza en el futuro, cuando estemos «frente a Él». Si observamos, cada vez que aparece la elección, aparece en plural y ya conversos los creyentes; nunca se habla de una «elección» antes de la salvación. No hay texto que diga esto. Observe que en Romanos 9 Dios eligió a un pueblo para que fuera su pueblo, pero no todos los del pueblo eran realmente salvos (Ro. 2:28-29). Del mismo modo, la iglesia es elegida, pero solamente aquellos redimidos son parte del cuerpo de Cristo local, y por ello, son parte de su elección y predestinación. ¿Aún no entiende el hombre que el elegido es Cristo y no el hombre pecador? ¡Dios jamás eligiría a un pecador! El elegido es Cristo, y cuando creemos en Él podemos ser parte de los elegidos porque estamos en Él.

Pero un calvinista no refutaría esto con solo la Biblia, necesita los catecismos, las confesiones y las declaraciones para negar esta verdad de Cristo. Siempre irá a Calvino, a Lutero, a cuanto escritor pueda agarrar, porque si toma la Biblia, y le hace exégesis al pasaje, quedará huérfano en su teología.

Creo en la Biblia (sola Scriptura) y es suficiente para nuestra sola fe, nuestro solo bautismo… ¿Lee solamente la Biblia, o cuando la va a estudiar tiene sus comentarios a la par? La elección es soberana y absoluta, jamás retrocede y es completa… por eso, la iglesia es y será triufante, porque los planes y propósitos divinos jamás serán frustrados.

«El Señor no retarda su promesa, como algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos vengan al arrepentimiento» (2ª P. 3:9, RVSBT).

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