Dele Carta de Divorcio

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Mateo 19:3-12: “Entonces se acercaron a él los fariseos, tentándolo y diciéndole: ¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa? Y él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esta causa el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne? Así que ya no son más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre. Le dijeron: ¿Por qué, pues, Moisés mandó dar carta de divorcio y repudiarla? Les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así. Y yo os digo que cualquiera que repudie a su mujer, si no fuere por causa de fornicación, y se case con otra, comete adulterio; y el que se case con la repudiada, comete adulterio. Le dijeron sus discípulos: Si es así la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse. Entonces él les dijo: No todos reciben esta palabra, sino aquellos a quienes es dado. Porque hay eunucos que nacieron así del vientre de su madre, y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres, y hay eunucos que se hicieron a sí mismos eunucos por causa del reino de los cielos. El que pueda recibir esto, recíbalo.

La época entre el primer día del hombre sobre la tierra y el ministerio de Jesús en la tierra es de miles de años. No obstante la verdad antigua sigue vigente: El hombre ha pecado, y subsecuentemente, debido a su pecado primero, el hombre sigue pecando y buscando el pecado constantemente. La Humanidad ha quebrantado cada uno de los mandamientos divinos y, sobre todo, ha rechazado el volverse a Dios en humildad para ser salvado de su pecado.

Cuando Dios creó al hombre, le hizo en varón y mujer; casó la primera pareja humana y les dio un hogar en esta tierra. Pero debido al pecado, el hombre siempre ha buscado excusas para seguir pecando sin sentir el peso del remordimiento o de la culpa. Y es especialmente notable en relación a la vida conyugal. Los matrimonios se forman y, luego de una serie de desventuras, terminan separándose. Esto ha sido así desde que el pecado entró en la humanidad, y no es una excepción en la época de Jesús. ¿Cómo enfrentó esto el Señor? ¿Cómo responde Él en relación al tema del divorcio?

¿Es lícito al hombre repudiar a su mujer por cualquier causa?

La pregunta revela varios aspectos importantes con relación al divorcio que se ventilaba en aquella época:

  1. Demuestra que existía controversia por parte de varios grupos religiosos influyentes.
  2. Demuestra que entre las diferentes posiciones había una solemne y firme convicción de que “cada teoría” era la verdad, por lo menos en cada grupo que la enseñaba.
  3. Demuestra que era más importante la concepción teológica rabínica que el mismo texto sencillo y puro de la Biblia.
  4. Demuestra que se buscaba una excusa más para poder seguir cometiendo el mismo pecado.

De hecho, en aquella época existían dos corrientes rabínicas que se oponían entre sí. La primera, liderada por el rabino Hillel, sostenía una interpretación liberal que indicaba que la frase “una cosa torpe” o “una cosa indecente” podía significar cualquier cosa “que no le agradara al hombre”. Esto lo llevó a tener ideas absurdas como divorciar a una mujer por el simple hecho de lavar mal la ropa. La otra corriente era la afirmación del rabino Shammai, que indicaba que solamente el adulterio podía dar la opción de divorcio. Así, existían dos escuelas distintas, pero que compartir, por lo menos, la opción del divorcio. Al parecer, los fariseos buscan poner en entre dicho a Jesús, exigiéndole tomar uno de los dos bandos interpretativos. Pero Jesús no tomó ni uno ni otro; simplemente interpreto literal y llanamente el pasaje de las Escrituras, empleando el contexto anterior lejano, el anterior cercano y el texto mismo de Moisés, para indicar la correcta interpretación.

El contexto anterior lejano

Cuando Jesús va a responder a los fariseos, no buscó las ideas teológicas de un grupo de profesionales; lo primero que hizo fue recitar el texto del Génesis en forma de pregunta: “Y él, respondiendo, les dijo: ¿No habéis leído que el que los hizo al principio, varón y hembra los hizo, y dijo: Por esta causa el hombre dejará padre y madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne? Así que ya no son más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios ha unido, no lo separe el hombre”.  En esta respuesta, Jesús establece los siguientes principios originales:

  1. Dios es quien los creó y quien los ideó perfectamente. Esto indica, que solamente Dios, y no un teólogo, debe determinar lo que es correcto e incorrecto en la vida del matrimonio.
  2. Dios solamente hizo un varón y una mujer. Aquí no hay terceros; ni dos esposas, ni amantes, ni diversidad de género; solamente existe un varón y una mujer.
  3. Dios determinó que el matrimonio “separe a los padres de los hijos” y se forme un nuevo hogar por medio de la unidad entre varón y mujer.
  4. Dios fue quien estableció que la unidad matrimonial incluyera una unidad emocional, espiritual y física.
  5. Dios considera al matrimonio como “una sola persona”. No existe eso de que cada uno es independiente y de que cada quien hace como quiere. Ya son una sola persona, y una persona es indivisible.Dios es quien rechaza el divorcio. Jesús dijo: “lo que Dios unió, no lo separe el hombre”. El matrimonio se considera una unidad aprobada y establecida por Dios.

Esto nos recuerda las palabras del profeta: “Mas diréis: ¿Por qué? Porque Jehová ha atestiguado entre ti y la mujer de tu juventud, contra la cual tú has sido desleal, siendo ella tu compañera, y la mujer de tu pacto. Pues qué ¿no hizo él uno solo aunque tenía la abundancia del espíritu? ¿Y por qué uno? Para que procurara una simiente de Dios. Guardaos pues en vuestros espíritus, y contra la mujer de vuestra juventud no seáis desleales. Porque Jehová Dios de Israel ha dicho que él aborrece que sea repudiada; y cubra la iniquidad con su vestido, dijo Jehová de los ejércitos. Guardaos pues en vuestros espíritus, y no seáis desleales”. Más claro no puedo ser… la Palabra de Dios es clara que Dios “aborrece” el repudio y la deslealtad, ¡ahora cuanto más el divorcio!

El Contexto Anterior Cercano

En el versículo 7 de Mateo, los fariseos le preguntan a Jesús que si Dios está contra el divorcio, ¿por qué Moisés mandó divorciarse de ella? ¡Qué aparente contradicción! Pero Jesús, nuevamente, va al contexto del pasaje y explica la razón: “Les dijo: Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así”. ¡Wow! Está en la ley de Moisés, pero no fue Dios quien permitió el divorcio, sino que Moisés lo  hizo “por la dureza de vuestro corazón” a los mandatos del Señor. El pasaje en cuestión es Deuteronomio 24:1-4: “CUANDO alguno tomare mujer y se casare con ella, si no le agradare por haber hallado en ella alguna cosa torpe, le escribirá carta de repudio, y se la entregará en su mano, y despedirála de su casa. Y salida de su casa, podrá ir y casarse con otro hombre. Y si la aborreciere aqueste último, y le escribiere carta de repudio, y se la entregare en su mano, y la despidiere de su casa; ó si muriere el postrer hombre que la tomó para sí por mujer, No podrá su primer marido, que la despidió, volverla á tomar para que sea su mujer, después que fué amancillada; porque es abominación delante de Jehová, y no has de pervertir la tierra que Jehová tu Dios te da por heredad.” Este pasaje se descubre que no vino de parte de Dios, por las siguientes causas:

  1. No inicia con la frase: “Oye Israel los mandamientos de Jehová”, o “Así ha dicho Jehová” o “Yo Jehová”, al contrario, se emplea la forma indirecta cada vez que se menciona a Jehová. Solamente leerlo nos da la luz de que el escritor es Moisés, y no hay un indicativo de Jehová en ninguna parte.
  2. Dice que se puede “ir y casar con otro hombre”, claramente en contra del sentido real de la Ley de Dios que dice que solamente la muerte da permiso para un segundo matrimonio, porque casarse por segunda vez en vida del cónyuge es “adulterio” (Ro. 7:1-3).
  3. Es prohibido volver a casarse con la esposa divorciada, porque ella ha sido “amancillada”, es decir, adulterada (cf. Heb. 13:4).

Este pasaje de Deuteronomio 24 Jesús lo identifica plenamente con Moisés: “Moisés os permitió”. Esto nos dice varias cosas sobre las Escrituras:

  1. Todo lo que dice es verdad sin error.
  2. No todo lo que dice es un mandamiento de parte de Dios. Debemos leer con cuidado antes de decir que Dios permite o permitió tal o cual cosa. En este caso fue Moisés, no Jehová. Jesús está otra vez estableciendo el mandamiento que está en las Escrituras.
  3. El contexto explica la razón de todo lo que la Escritura dice. En este caso, los fariseos interpretaron mal Deuteronomio 24, porque esa cosa “torpe” o “indecente” no es ni el adulterio ni la fornicación; porque estos dos pecados están condenados con la muerte en la Ley de Moisés (Levítico 20:10; cf. Deuteronomio 22:22). Así que esa cosa “torpe” podría ser cualquier otra cosa que no fuera el pecado de infidelidad sexual.

La interpretación de Jesús

Jesús entonces interpreta correcta e infaliblemente el concepto del divorcio, y deja en claro que Él no aprueba en ninguna instancia el divorcio:

Y yo os digo que cualquiera que repudie a su mujer, si no fuere por causa de fornicación, y se case con otra, comete adulterio; y el que se case con la repudiada, comete adulterio.

Los puntos sobresalientes de esta texto es asombroso:

  1. Se aplica a “cualquiera”, no hay excepciones, no hay omisiones. Todos los varones son responsables de esto.
  2. Se da el énfasis en que al divorciarse y casarse con otra, se comete un adulterio.
  3. Se dice claramente que el que se case con una divorciada comete adulterio. Es decir, un soltero que se case con una divorciada, es un adúltero.
  4. La llamada “cláusula de excepción”, que se usa como una justificante para el divorcio, realmente no es una cláusula de excepción para el divorcio, sino para que “ella adultere”. La mujer ya no puede adulterar si había cometido anteriormente la fornicación. Al leer el texto, lo entendemos al colocar paréntesis: “Y yo os digo que cualquiera que repudie a su mujer (si no fuere por causa de fornicación) y se case con otra, comete adulterio; y el que se case con la repudiada, comete adulterio”, es decir, la frase es “cualquiera que repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio”, la cláusula es por si ya había cometido fornicación, entonces ya era adúltera desde antes.

Pablo explica claramente esta verdad en 1ª Corintios 7, donde lo amplía también a la mujer. Jesús usó la interpretación de la Ley, aplicada a una sociedad patrística; Pablo lo lleva a la iglesia, donde en la salvación “ya no hay varón ni mujer”. En 1ª Corintios Pablo recalca este concepto de Jesús cuando dice: “Mas a los que están casados, mando, no yo, sino el Señor: Que la mujer no se separe del marido; pero si se separare, quédese sin casar, o reconcíliese con su marido; y que el marido no repudie a su mujer” (1ª Cor. 7:10-11). ¡Enorme claridad! Pablo confirma que es prohibido por el Señor el divorcio. Si hubo separación sin divorcio, la reconciliación es fundamental; y el marido no puede repudiar (despachar o rechazar) a su esposa. Cuando hay separación, por cualquier causa, Pablo afirma que no puede volverse a casar, esto incluye la separación matrimonial. A diferencia de la Ley de Moisés, Pablo afirma por mandamiento del Señor, que puede haber reconciliación con su cónyuge separado.

La reacción humana

Siempre los seres humanos reaccionamos impresionados con las Palabras de Dios. Los discípulos dijeron: “Si es así la condición del hombre con su mujer, no conviene casarse” (Mt. 19:10). Muchos dirán que si el divorcio es prohibido, entonces no conviene casarse. Incluso, siempre buscaremos excusas. Muchos creyentes han cometido un adulterio sin saberlo, al casarse por segunda vez aún con sus esposas divorciadas vivas. Dios perdona esto, pero excluye al creyente en esta condición a ser pastor o anciano de la iglesia (1ª Timoteo 3:2, marido de una sola mujer), ya que es requisito un matrimonio estable y duradero.

Jesús afirma que solamente unos pocos han sido dotados de un don para no casarse, o han decidido no hacerlo. Pablo le llama “don de continencia”, en referencia no al deseo sexual, sino a la fuerza personal para no caer en pecado sexual otorgada por el Espíritu Santo.