Salmos 15

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La Integridad en el Testimonio Cristiano

Salmo 15

Pastor Carlos Machado

El tema de la integridad del cristiano en su testimonio público es cada vez más preocupante para las iglesias. Un cada vez más ampliado grupo de cristianos no solamente viven en mal testimonio, sino que las iglesias no sienten la necesidad de tener un testimonio cristiano ordenado.

En este salmo encontramos algunas pautas y requerimientos de parte de Dios para la vida de aquellos que dicen amarle. De hecho, es un salmo muy semejante al Salmo 24, que se refiere al regreso del Mesías para establecer Su Reino Milenial. Y debido a esta semejanza, el Salmo 15 es una lista de Requerimientos Éticos introducidos en forma de pregunta, con la clara intención de hacernos reflexionar.

Pero ningún escrito del Antiguo Testamento podrá tener un verdadero sentido para la iglesia sin la presencia de Aquel que nos redimió por su Sangre. Hoy les quiero hablar de este pasaje con un poquito de exégesis, una forma de análisis del pasaje a tratar, procurando traer aplicaciones prácticas para la vida de la iglesia local.

En primer lugar, lo que llama poderosamente la atención es la forma en que el Salmo 15 describe la verdad de la vida cristiana: Los que son dignos de la comunión con Dios se pueden conocer por su conformación a la ley de Dios, lo que se ilustra en varias particularidades importantes, que veremos en este precioso salmo.

Aunque el Salmo es judío y dirigido a una nación de una dispensación pasada, incluye las verdades invariables de la dispensación de la gracia, de la cual somos parte.

  1. Verso 1. “Jehová, ¿Quién habitará en tu Tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo?” En este único versículo resaltan varias verdades fundamentales de la vida de cada cristiano:
    1. Es una pregunta recíproca, que se responde a sí misma. La pregunta incluye varios elementos significativos:
      • Jehová… Es una pregunta dirigida a Jehová, porque va a ser respondida con las palabras reveladas por Dios en la Ley de Moisés. Lo interesante es que este salmo deja claro la imposibilidad de alcanzar el idea divino, pero a su vez, de forma paradójica, da por un hecho que hay personas con cualidades espirituales impresionantes.
      • ¿Quién habitará en Tu Tabernáculo? Solamente esta frase nos llena de mucho conocimiento, que debemos tener muy presente en nuestro testimonio cristiano.
        1. La palabra “habitará”, contiene la idea de “peregrinar”, tal como lo vemos en el Salmo 5:4: “Porque Tú no eres un Dios se complace en la maldad; el malo no habitará junto a tí”, haciendo referencia al Santuario judío que año con año visitaban para ofrecer ofrendas a Jehová. Observemos que
          • En el Santuario era donde estaban bajo la protección de Dios, así como en comunión, como dice el Salmo 23:6; 27:4, 6. Dispensacionalmente, las Escrituras del NT nos dicen que los creyentes somos “peregrinos” en este mundo, y debemos dar un buen testimonio: “Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación, sabiendo que habéis sido rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación; ya ordenado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en los postreros tiempos por causa de vosotros, que por medio de él creéis en Dios, quien lo resucitó de los muertos y le ha dado gloria, para que vuestra fe y esperanza sean en Dios”. (1ª P. 1:17-21).
          • En este salmo se menciona al tabernáculo, que es la sede del arca del pacto (2º Sa 6:17), donde la presencia de Dios era prometida en cada evento del pueblo, tanto en guerra, como en paz. Por eso, el Evangelio de Juan 1:14 dice: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros; y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.” El verbo “habitó” literalmente es “tabernaculó”, o “plantó su carpa (tienda o tabernáculo)”. De hecho es una palabra peculiar de Juan, quien la usa cuatro veces, siempre en el sentido de una morada permanente en el libro del Apocalipsis (7:15; 12:12; 13:6; 21:3). Porque siempre unido a nuestra “carne”, él entró a este tabernáculo “para no salir más”. La pregunta del Salmista, ¿quién Señor?, es respondida: Jesucristo el Señor, y por medio de Él todos los que creemos por la fe.
        2. ¿Quién morará en el monte de tu santidad? Esto es lo mismo que Tu santo monte (2º Sa 2:6); una clara referencia a Jerusalén, y especialmente al Templo. De hecho, es la “ciudad asentada sobre el monte” que menciona Jesús en Mateo 5:14. Jerusalén es imposible de ocultar porque está en un monte, y de la misma manera, el cristiano no puede ser “ocultado”, al contrario, su vida está “descubierta”, totalmente expuesta, ante dos sujetos:
          • el principal que es Dios (Heb. 4:12-13: “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma, y aun el espíritu, y las coyunturas y tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”).
          • El secundario que son los hombres (2ª Cor 3:2-3: “Vosotros sois nuestra carta, escrita en nuestros corazones, conocida y leída por todos los hombres; siendo manifiesto que sois carta de Cristo ministrada por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en tablas de carne del corazón.”
        3. El que anda en integridad”. Recordemos que el Samo 1:1 nos dice que es “Bienaventurado el que no anduvo en consejos de malos”:
          • La integridad es no hacer lo que es malo, lo que es no bíblico; la integridad es hacer la voluntad de Dios.
          • Siempre hemos pensado que integridad es “aquello que no carece de ninguna de sus partes, sino que está completo”, y éticamente lo vemos como aquella persona que es recta, proba e intachable. Pero es aún más que esto para Dios, porque una persona puede ser recta, probada, intachable y completa en sí misma, pero en su corazón hay maldad e inclinación al pecado. Su integridad externa de nada le sirve sin la verdadera integridad del corazón.
          • No podemos ser íntegros si estamos perdidos, sin Dios y sin la esperanza de la vida eterna. Por eso, muchos religiosos son íntegros a los ojos de los hombres, pero son malos a los ojos de Dios, tal como Jesús lo dijo en Mateo 7:11: “Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le piden?”.
          • La integridad divina tiene estándares que jamás los alcanzará la integridad humana. Por eso, cuando se anda en integridad —de una manera completa, cuanto a toda fase de la conducta humana (Gen. 17:1), somos del agrado de Dios.
        4. y hace justicia” —lo que es justo, cosa que nadie de nosotros puede, tanto más nos esforcemos, alcanzar la justicia divina. Por eso, el Hijo de Dios, que hizo Tabernáculo entre nosotros, es quien puede darnos esa “justicia” al ser declarados justos (Ro. 5:1). La justicia es la “segunda parte” de la armadura del cristiano (Ef. 4:14b).
        5. “Y habla verdad en su corazón” — con sinceridad (Pro 23:7.). De hecho, la verdad es la primera parte de la armadura de Dios: “Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad…” (Ef. 4:14a). La verdad es clara e indiscutible: es la Palabra de Jesús (Juan 17:7).
      • CONCLUSIÓN: La vida del creyente debe incluir estos tres elemento en su testimonio hacia la iglesia y hacia el mundo:
  2. Verso 2. Andar en integridad, es decir, de acuerdo a las normas de Cristo, negándose a sí mismo, viviendo para Él y no para sí mismo o para los hombres. Jesús lo expresó de esta manera: “No penséis que he venido para traer paz a la tierra; no he venido para traer paz, sino espada. Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, y a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra. Y los enemigos del hombre serán los de su casa. El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; y el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí. Y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí. El que halle su vida, la perderá; y el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mt. 10:34-39). Esto significa, que la integridad es cuando debo decidir entre agradar a Cristo o agradarme a mí mismo, o a mi familia, o a mis hijos o a mis padre. La integridad es cuando hemos decidido agradar a Aquel que nos llamó, incluso con la oposición de la familia.
    1. Hacer justicia, o practicar lo que es justo. ¿Y qué es lo justo? Pues, vivir según el Evangelio de Cristo, como dice Romanos 1:16-17: “Porque no me avergüenzo del evangelio de Cristo, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente y también al griego. Porque la justicia de Dios se revela en él de fe en fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá”. Una persona justa no es quien se apega a la justicia humana o al concepto de justicia humana, es quien al comprender el mensaje del Evangelio se apega a la verdad en él revelada. El que es salvo por fe, vive por fe, confiado en Aquel que le salvó. No se impacienta por tener más fe, sino que confiadamente descansa en Aquel que le redimió y demuestra en palabras y hechos el poder del Evangelio con la Gracia de Dios.
    2. Habla Verdad en su corazón. No dice la verdad a otros y vive como si a él no le afectara. Él vive la fe, y demuestra la fe. En Juan 14:6 Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. Si Jesús es la Verdad, ¿cómo vivimos en la mentira dentro de nuestro corazón o cuando no nos ven los creyentes? Si creemos en la verdad y decimos vivirla, ¿por qué estamos tan anhelantes de estar solos para dejar libre acceso a nuestros deseos o inclinaciones? ¡Porque no vivimos la verdad! Una diferencia muy grande hay entre conocer la Verdad y vivir la verdad. Unas de las verdades que como creyentes debemos aceptar son:
      • Nuestro corazón es maligno y perverso, y se inclina al pecado (Jer. 7:9; Ro. 7:7-25).
      • En nuestro ser hay un “viejo hombre” que debemos “dejar morir” (Romanos 6:6; Ef. 4:22; Col. 3:9).
      • Somos nuevas criaturas en Cristo Jesús (2ª Cor. 5:17).
  3. Verso 3. En este versículos tenemos la parte negativa d la integridad.
    1. “El que ni calumnia con su lengua”. Observe que dice “con su lengua”. Santiago nos dice que este es el órgano más difícil de controlar (Stg. 3:1). A esto, la pregunta inevitable es: ¿Cómo sé cuando estoy calumniando a alguien?. Veamos en detalle esto:
      • La palabra “calumniar” que se usa acá significa “espiar”, “buscar información”. Un calumniador es la persona que buscando información negativa en alguien y, hallando o no dicha información, inventa una acusación simple para dañar a alguien.
      • Regularmente se inicia con la frase: “¿Sabías que Fulano….?”. No es un chisme solamente, sino que es un chisme con intenciones de hacer daño.
    2. Ahora bien, observe que la calumnia tiene tres partes:
      • Primero menciona la lengua, porque regularmente la calumnia es un chisme fraguado con malas intenciones. Dios condena la calumnia de la lengua, lo que se inventa para hacer daño: “El prevaricar y mentir contra Jehová, y regresarse de ir en pos de nuestro Dios; el hablar calumnia y rebelión, concebir y proferir de corazón palabras de mentira” (Is. 59:13). El creyente no debe hacer esto jamás, como menciona el Salmo 39:1: “YO DIJE: Atenderé a mis caminos, Para no pecar con mi lengua: Guardaré mi boca con freno, En tanto que el impío esté contra mí.”
      • Luego menciona “hacer mal a su prójimo”. Mientras que lo primero es la intención malvada puesta en práctica, éste es el resultado de dicha acción. El creyente no debe buscar el mal a su prójimo, sino como dijo Pablo: “No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres” (Ro. 12:17).
      • Lo tercero es que “no admite reproche contra su vecino”. Esto es muy significativo, porque la calumnia no solamente es decir y realizar el mal, sino también el aceptarlo. Cuando el chisme llega, debe ser rechazado. Y es fácil saber cuando es chisme calumnioso, porque no tiene fundamento, ni pruebas, y su mensaje viene lleno de indignación, resentimientos y rechazo. El Salmo 119:23 dice con respecto a recibir los chismes contra nosotros mismos: “Aparta de mí oprobio y menosprecio; Porque tus testimonios he guardado. Príncipes también se sentaron y hablaron contra mí: Mas tu siervo meditaba en tus estatutos. Pues tus testimonios son mis deleites, Y mis consejeros.”. Y Oseas expresa como es la actitud de aquel que le gusta vivir en el chisme, hablando incluso mal contra Dios: “¡Ay de ellos! porque se apartaron de mí: destrucción sobre ellos, porque contra mí se rebelaron; yo los redimí, y ellos hablaron contra mí mentiras” (Os. 7:13). Y Proverbios 20:19 nos aconseja: “El que descubre el secreto, en chismes anda: No te entrometas, pues, con el que lisonjea con sus labios”.
  4. Verso 4. “Aquel a cuyos ojos el vil es menospreciado”. Estas duras palabras tienen un sentido muy impactante. Para entenderlo, debemos conocer varios aspectos:
    1. ¿Quién es el vil? Pues, obviamente, aquel que no es justo, ni que anda en integridad. El salmo indica que una persona de este tipo debe ser menospreciado, o tenido en un nivel de apreció inferior al que es íntegro.
      • “Pero honra a los que temen a Jehová”. Por eso, Pablo dijo: “Así que, entre tanto que tengamos oportunidad, hagamos bien a todos, y mayormente a los de la familia de la fe” (Gál. 6:10). El amor y el menosprecio se gradúan con respecto a Dios; debo preferir a mi familia de fe, que son todos los creyentes que viven fielmente y que andan en la integridad.
        1. Esto lo vemos en el cuidado que dispensa a su propia familia, como dice Pablo: “Y si alguno no tiene cuidado de los suyos, y mayormente de los de su casa, ha negado la fe y es peor que un incrédulo” (1ª Tim. 5:8).
        2. La idea es, por tanto, preferir a los que son íntegros, no prestando una atención inadecuado con los que no lo son. No perdamos en las cabras el amor que aprecian las ovejas.
      • “El que aún jurando en daño suyo, no por eso cambia”. Es decir, es Aquel que mantiene su palabra. Como hemos perdido la integridad cristiana, la honradez y la sinceridad. Nuestras palabras se las lleva el viento; ya no mantenemos lo que decimos. El Salmo 119:106 dice: “Juré y ratifiqué El guardar los juicios de tu justicia”. Cuando prometemos seguir a Dios, significa que es “en daño nuestro”, porque debemos “negarnos a nosotros mismos”, rechazando lo que nos gusta y anhelamos, para suplantarlo con lo que Dios desea y anhela. Como dice Romanos 12:2: “Y no os conforméis a este siglo, sino sed transformados por la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”. No nuestra voluntad ni nuestros deseos, sino la voluntad de Dios y Sus deseos. Pablo lo dice en forma práctica: “Siervos, obedeced a vuestros amos según la carne con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo; no sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, haciendo de corazón la voluntad de Dios; sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres, sabiendo que el bien que cada uno haga, esto recibirá del Señor, sea siervo o sea libre. Y vosotros, amos, haced con ellos lo mismo, dejando las amenazas, sabiendo que el Señor de ellos y vuestro está en los cielos, y que para él no hay acepción de personas.” Efesios 6:5-9.
      • Por eso, la frase “jurado en daño suyo” significa que cumple su palabra, aun cuando sufre por ello (Lv. 5:4).
  5. Versículo 5. (Cf. Lev. 25:37; Deut 23:19-20). “Quien su dinero no dio a usura”. La palabra “usura” se deriva del verbo hebreo que significa morder. Y por el uso sefardí (judíos españoles) que usaban “mordida” para esto, tenemos nuestra popular “mordida” cuando se le da dinero a un oficial. Pero el pasaje nos dice que:
    1. Es ilícita toda ganancia alcanzada por la pérdida injusta de otros.
    2. “tomó cohecho”. De no haber cohecho, el inocente no sería condenado (cf. Exo 23:8; Deut 16:19). El cohecho es el soborno de toda suerte, y es denunciado como un pecado ante Dios.
    3. “el que hace estas no resbalará jamás” — “Resbalar”, caer o tropezar con graves daños. Los tales son recibidos en la presencia y favor de Dios y nunca resbalarán (Deut. 10:6; 13:5).

CONCLUSIÓN

  1. El creyente debe vivir una vida íntegra ante el mundo y ante la iglesia local.
  2. Debe ser honesto ante Dios y ante sí mismo.
  3. Debe vivir el Evangelio, no solamente predicarlo con la boca.
  4. Debe ser una luz y no un pábilo que humea.
  5. Debe decirse la verdad, tanto de su naturaleza como de la gracia de Dios.