Introducción

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INTRODUCCION

Por Clarence Walker

I

El Dr. J. M. Carroll, autor de este libro, nació en el Estado de Arkansas, el 8 de enero de 1858, y murió en Texas, el 10 de enero de 1931. Su padre, un predicador bautista, se trasladó a Texas cuando el hermano J. M. Carroll tenía seis años de edad. Allí, Carroll se convirtió, se bautizó y fue ordenado ministro del Evangelio. El Dr. Carroll llegó a ser, no solo un dirigente entre los bautistas de Texas, sino una figura sobresaliente entre los Bautistas del Sur de los Estados Unidos, y del mundo entero.

Años atrás, el Dr. Carroll visitó nuestra iglesia, donde pronunció los mensajes contenidos en este librito. Fue, entonces, cuando yo me interesé sobremanera en estos estudios del hermano Carroll, pues, yo también había realizado investigaciones especiales en el campo de la historia eclesiástica, en relación a cuál fue la iglesia más antigua, y más parecida a las iglesias del Nuevo Testamento.

El propio Dr. J. W. Porter, uno de los asistentes a estas disertaciones del Dr. Carroll, quedó tan profundamente impresionado, que le dijo al Dr. Carroll que, si él escribía estos mensajes, él los publicaría en formato de libro. El Dr. Carroll así lo hizo, y concedió al Dr. Porter el derecho para publicarlos. Aunque el Dr. Carroll pasó a mejor vida antes de que el libro saliera a la luz, el Dr. Porter lo publicó, con tal resultado, que la edición quedó rápidamente agotada.

Pero por la misericordia de Dios, ahora nos es posible publicar esta nueva edición. Ruego a todos los que lean y estudien estas páginas, se unan conmigo en oración, a fin de que un número de ejemplares, cada vez mayor, se pueda dar a luz.

“Y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas. Para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora notificada por la iglesia a los principados y potestades en los cielos… A Él sea gloria en la iglesia por Cristo Jesús, por todas las edades del siglo de los siglos. Amén.”

II

Escuchar al Dr. Carroll contar cómo se había interesado en la historia de las diferentes denominaciones era realmente maravilloso, especialmente en la de su nacimiento.

Este librito lo escribió cuando tenía 75 años. Él expresó: “Siendo un jovencito, me convertí al Señor; y al ver tantas denominaciones, me solía preguntar cuál sería la iglesia que Cristo había fundado”.

Ya en su juventud, estudiando las Escrituras y la historia, podía percibir cuál era la iglesia más antigua y que más se asemejaba a las iglesias mencionadas en el Nuevo Testamento. Esta búsqueda de la verdad lo impulsó a visitar muchos lugares, lo que le permitió formar una de las bibliotecas más enriquecidas con obras acerca de la historia eclesiástica. Esa biblioteca fue donada, cuando murió el Dr. Carroll, al gran Seminario Bautista del Sudoeste, en Fort Worth, Estado de Tejas.

Como resultado de sus investigaciones, el Dr. Carroll compiló muchos datos acerca de la historia de la iglesia, pero en su mayoría se referían, según parece, a católicos y protestantes, porque la historia que él descubrió acerca de los bautistas estaba escrita con sangre, porque se trataba de un pueblo que había sido objeto del odio a través de la tenebrosa Edad Media. Quienes la formaban, eran predicadores y fieles que fueron llevados a la cárcel, y un número incalculable de ellos fueron muertos.

Jamás se ha visto en el mundo nada comparable a los padecimientos y persecuciones causados a los bautistas, por la jerarquía católica, en el transcurso de la tenebrosa Edad Media. El Papa era, en aquella época, el dictador del mundo; por esta razón los anabaptistas[1], antes a la Reforma, lo apellidaban como “anticristo.”

La historia de los anabaptistas se halla escrita en los documentos oficiales de esa época; de manera que, para seguir el Rastro de la Sangre, es preciso seguir el camino señalado por las crónicas, en las que se hallan declaraciones del siguiente nivel:

“En Zúrich, después de muchas disputas entre Zuinglio[2] y los anabaptista, el senado lanzó un decreto, disponiendo que si alguno se atrevía a rebautizar a los que ya habían sido bautizados, esto es, cuando eran niños, fuera ahogado. En Viena, muchos anabaptistas fueron encadenados a manera de ristra, de tal forma que el primero, al ser arrojado al río, arrastraba en pos de sí a los demás, por manera que todos se ahogaban.”

“En el año del Señor de 1539, dos anabaptistas fueron quemados más allá de Southwark, y un poco antes que éstos, lo fueron cinco anabaptistas holandeses en Smithfield.” (Füller, Historia Eclesiástica.)

“En 1160, un grupo de paulicianos[3] (bautistas) entró en Oxford. Enrique II ordenó que fueran marcados en la frente con hierros candentes, y azotados a través de las calles de la ciudad, luego de desnudarlos hasta la cintura;  después, fueron obligados a salir de la ciudad hacia campo libre donde, por falta de abrigo y de alimentos, murieron lentamente, de hambre y frío, pues, a los aldeanos no se les permitió acogerlos ni alimentarlos.” (Moore, Earlier and Later Nonconformity in Oxford, 12).

El antiguo Cronista Stowe, en el año de 1553, dice:

“El 25 de mayo, en la iglesia de San Pablo, Londres, fueron juzgados diecinueve hombres y seis mujeres. Catorce fueron condenados; un hombre y una mujer fueron quemados en Smithfield, y a los doce restantes se los envió a los pueblos para que fueran quemados”.

Froude, historiador inglés, dice acerca de esos mártires anabaptistas:

“Los pormenores de sus padecimientos se han desvanecido, y sus nombres han sido echados en olvido, y aun los mismos hechos apenas son dignos de señalarse.  Europa no se conmovió a causa de ellos, ni se guardó luto en ninguna corte, ni el corazón del papa se estremeció de indignación con motivo de su muerte; por el contrario, el mundo lo miró con complacencia, con indiferencia y hasta con regocijo. Sin embargo, entre estos veinticinco hombres y mujeres, hubo catorce de ellos que ni el terror de la hoguera, ni el miedo a las torturas, fueron suficientes para hacerlos decir que creían lo que en realidad no podían creer. Y, aunque la historia no consigna ni una palabra de alabanza en su favor, con todo, sus vidas hubieran sido tan inútiles como las de los más de nosotros; pero al perderlas, ayudaron a pagar el precio de la libertad inglesa.”

El Dr. Carroll halló, asimismo, su historia y su ensangrentado rostro, a través de los siglos; no solo en los escritos de sus amigos, sino también de sus enemigos. He aquí cómo se expresa el cardenal Hosius, en 1524, quien fuera presidente del Concilio de Trento:

“Si los bautistas no hubieran sido tan despiadadamente atormentados, y pasados a cuchillo durante los últimos doce siglos, al presente pulularían mucho más que todos los reformadores”.

Esos “doce siglos” constituyen el período que precedió a la Reforma, durante el cual, Roma persiguió a los bautistas de la manera más encarnizada que es dable imaginar.

Oigamos ahora a Sir Isaac Newton:

“Los bautistas son el único cuerpo de entre los cristianos que jamás ha estado de acuerdo con Roma.”

Y por lo que hace a Mosheim, historiador luterano, he aquí cómo se expresa:

“Antes de la aparición de Lutero y de Calvino, existían en secreto, en casi todos los países de Europa, personas que se adherían tenazmente a los principios sostenidos por los bautistas holandeses modernos”.

Citemos, finalmente, a la Enciclopedia de Edinburgo (presbiteriana):

“Sin duda, que ya nuestros lectores habrán caído en la cuenta de que los bautistas son la misma secta de cristianos descritos anteriormente como anabaptistas. En efecto, parece que este ha sido su principal origen, desde la época de Tertuliano hasta nuestros días”.

Ahora bien, Tertuliano nació exactamente cincuenta años después de la muerte del apóstol Juan.

III

Los bautistas no creen en la sucesión apostólica, porque el oficio apostólico terminó con la muerte de los apóstoles. Fue a Sus iglesias a quienes Cristo prometió su continua existencia, desde que Él constituyó su primera iglesia, durante su ministerio terrenal, hasta que vuelva.  He aquí su promesa: “… y sobre esta piedra edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mat. 16:18).

Luego, cuando les dio la gran comisión, en la que les señala a sus iglesias la tarea que habían de cumplir, les hizo la siguiente promesa: “… y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del siglo” (Mateo 28:20).

Esta comisión no fue dada a los apóstoles como individuos, sino a ellos y a los demás que se hallaban presentes, en su carácter de la iglesia[4]. Tanto los apóstoles, como aquellos que le oyeron dar esa comisión, pronto murieron, pero su iglesia ha sobrevivido a través de los siglos, haciendo discípulos, bautizándolos y enseñándoles la verdad, es decir, las doctrinas que Él había ordenado a la iglesia de Jerusalén.

El Dr. Carroll demuestra que se han hallado iglesias en todos los siglos, que han inculcado las doctrinas que el Señor les ordenó. A estas doctrinas, las llama el Dr. Carroll, las “marcas” de las iglesias del Nuevo Testamento.

“LAS MARCAS DE LA IGLESIA DEL NUEVO TESTAMENTO”

  1. Su Cabeza y Fundador es Cristo, lo mismo que su Legislador; la iglesia sólo es ejecutiva (Mateo 16:18; Colosenses 1:18).
  2. Su única regla de fe y práctica es la Biblia (2 Timoteo 3:15-17).
  3. Su nombre es “Iglesia” e “iglesias” (Mateo 16:18; Revelación 22:16).
  4. Su sistema de gobierno es congregacional, es decir, que todos los miembros son iguales (Mateo 23:5-12).
  5. Sus miembros se componen únicamente de los que han sido salvos (Efesios 2:21; 1ª Pedro 2:5).
  6. Sus ordenanzas son el bautismo de creyentes y la cena del Señor (Mateo 28:19-20; 1ª Corintios 11:18-34).
  7. Sus funcionarios son los pastores y los diáconos (1ª Timoteo 3:1-16).
  8. Su obra es lograr que los pecadores se salven, bautizarlos (con el bautismo que llene todos los requisitos de la Palabra de Dios), y enseñarles que guarden todas las cosas que Cristo mandó (Mateo 28:16-20).
  9. Su plan financiero: Los diezmos y las ofrendas (1ª Corintios 9:14).
  10. Sus armas de guerra son espirituales, no carnales (2ª Corintios 10:4; Efesios 6:10-20).
  11. Su independencia se constituye por la separación de la iglesia y el estado (Mateo 22:21)

IV

Es una verdad que en una sola ciudad hayan muchas diferentes iglesias, y todas pretenden ser la iglesia verdadera. El Dr. Caroll, para saber cuál era realmente la verdadera iglesia, examinó las marcas y doctrinas de cada una de ellas; y aquellas que tenían las marcas y las doctrinas enseñadas en la Palabra de Dios, las identificó como las iglesias verdaderas. Este es un método fácil de aplicar, usado por el Dr. Carroll a todas las iglesias de toda la historia. El resultado fue que muchas iglesias habían perdido estas marcas, y se habían alejado de estas doctrinas. En cambio, encontró que otras iglesias habían retenido fielmente estas marcas a través de los siglos, desde el mismo momento que Jesús había dicho: “… y sobre esta piedra edificaré mi iglesia; y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella” (Mat. 16:18). Y: “… y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del siglo” (Mateo 28:20).

NOTAS

[1] El nombre anabaptista (del prefijo ana-, ‘de nuevo’, y el griego ‘el que bautiza’),​ se refiere a “rebautizar”​ o “bautizar de nuevo”. Dicho nombre les fue impuesto a los anabaptistas por sus detractores, pues, los primeros consideran inválido el bautismo infantil. Los anabaptistas abogan por el bautismo de creyentes adultos (de acuerdo con su interpretación de Marcos 16:16.), pues, por una parte consideran que los niños son salvos (según Mateo 18: 2-4.), y por otra parte, consideran el bautismo como símbolo de fe, la cual no lo manifiesta un bebé.

[2] Ulrico Zuinglio, en alemán Huldrych o Ulrich Zwingli (Wildhaus, Suiza, 1 de enero de 1484 – Kappel am Albis, 11 de octubre de 1531) fue el líder de la Reforma Protestante suiza, y el fundador de la Iglesia Reformada Suiza. Al estudiar las Escrituras desde el punto de vista humanista, llegó, de manera independiente, a conclusiones similares a las de Lutero, que era un biblicista igualmente guiado por el humanismo.

[3] Los paulicianos son una agrupación cristiana que aparece en la zona de Armenia en el siglo VII, y que se desarrolla en Anatolia y los Balcanes, en los siglos posteriores, alcanzando gran predicamento.

[4] Gramaticalmente se le da a los doce apóstoles como fundamento y representación de cada una de las iglesias que serían edificadas en sus doctrinas (Mateo 28:16; Efesios 2:20). De allí que se asume que es dada a la iglesia.