Preliminares

Compártelo en tu Red Social

CONSIDERACIONES PRELIMINARES

¿Ha elegido Dios a los creyentes o a los que se pierden? ¿Qué enseña la Biblia al respecto? El término “elección” aparece 4 veces en la Reina-Valera 1960 y aparece 9 veces en la Reina-Valera 1909. El término “escogido” aparece 48 veces en la RV60 y 42 veces en la Rv09, con usos variados, especialmente en referencia a la capacidad de tomar una decisión entre una y otra cosa.

El corazón humano no regenerado debe ser inclinado a querer, así como transformado en su carácter. Dios no puede tomar la decisión que le corresponde al hombre para salvación, pero es necesaria la obra del Espíritu Santo el proveerle los medios para que el hombre pueda tomar esa decisión personal y única. Dios empleará los medios necesarios para la realización de Sus designios, y en Su soberanía ha decidido que la salvación sea solamente Suya, pero del hombre la necesidad de creer.

Por una parte, Dios exige que el pecado, cualquiera sea éste, sea castigado con la muerte, pero a su vez ha provisto la redención al colocar todo el peso del castigo y del pecado en Jesús cuando fue crucificado, siempre que el culpable crea en Él. Y aunque el pecado es declarado como abominable, es preciso que solamente el Cordero de Dios pudiera hacer la expiación del mismo en la Cruz, en fundamento a su pureza, y santidad, cargando con el pecado de todos los hombres. Es imposible para cualquier ser humano satisfacer las demandas de la justicia divina, y solamente el hombre Jesús, el Cristo de Dios, puede otorgar este bien únicamente por su muerte física. Del mismo modo que podríamos pensar en que Dios hubiese usado otro medio y no la cruz (quedando solamente en el supuesto humano, porque en la revelación divina no existe otra manera para satisfacer sus demandas, que no sea la muerte por el pecado mediante la cruz), del mismo modo, aunque la salvación es un acto soberano, es imposible que Dios prive de responsabilidad elegible entre sus criaturas racionales y su infinito ser; de otro modo ya no seríamos responsables de lo que hiciéramos y simplemente seríamos objetos que no necesitamos más que sentarnos a esperar cuál será nuestro destino. Pero cuando Dios, quebrando la oposición natural del pecador, envía a su Espíritu Santo para que le convenza de pecado, de justicia y de juicio, se genera aquella misma gracia que, iluminando el entendimiento entenebrecido por la luz del Evangelio (2ª Cor. 4:4), ha provisto al ser humano con la capacidad de que pueda creer, por su propia decisión, en el Cristo que le ha dado la capacidad de hacerlo. Del mismo modo que la elección decreta que los individuos son elegidos en Cristo en esta era (Ef. 1:4), y mediante la misma Persona de Jesús sea introducido al Cuerpo, asimismo es necesario que el hombre sea quien crea y elija así ser salvo por la gracia de Dios, al punto que se logra para él una aplicación eficaz del sacrificio realizado una sola vez por Jesús en la Cruz.

La elección divina incluye decreto, pero éstos difieren del fatalismo (el supralapsarianismo) y del control humano (arminianismo), sino que depende exclusivamente de la gracia de Dios (redencionismo ilimitado). La gracia de Dios es aquello que nos ha sido dado sin merecerlo, pero debemos rechazar grandemente el calvinismo en el punto de la elección para salvación y elección para condenación. Creemos que Cristo murió real y plenamente por igual por todos los hombres de la era presente, por lo que Dios ha ordenado que el Evangelio sea predicado a todos los hombre. En términos teológicos, el punto 1 del calvinismo supralapsario pasa a ser el punto 4, y se elimina el fatalismo. Dios ha elegido, pero en su elección incluye a cualquiera que cree, y deja en su justa condenación a cualquiera que no cree; por lo que la elección es un decreto aplicado después del decreto de proveer la salvación a todos los hombre (hablo como hombre). Dios solamente puede salvar, pero esta salvación solamente es eficaz en el individuo, cuando éste por la obra del Espíritu Santo, puede escoger recibir o rechazar al Señor (Jn. 1:!2). Si no fuera posible que el hombre pudiera decidir, ¿por qué entonces afirma que son salvos “los que creen en su nombre” en Juan 1:12, si al fin de cuentas ese creer sería Su obra y no la del hombre? ¿Y como sería honesta la orden de predicar el Evangelio a toda criatura, si muchas de estas criaturas están imposibilitadas de alcanzar salvación? El adicto está en su charco porque ha decidido vivir allí; cuando decida salir, ¿quién se lo impedirá?

Sin embargo, para comprender el tema de la Elección Soberana, es importante que veamos la enseñanza de las Escrituras con respecto a este tema tan escabroso para algunos, pero simple y sencillo para quienes acudimos a las mismas Escrituras. Esto no significa que no haya complicaciones en la interpretación, simplemente significa que es “necesario escudriñar las Escrituras”.

Iremos desarrollando el tema de manera sistemática; no será un tema extenso ni nos meteremos en conceptos doctrinales de los sistemas humanos; iremos únicamente a las enseñanzas de las Escrituras.

Los Términos Empleados

Antes de abordar este tema, considero importante que entendamos los términos más empleados y sus sentidos comúnmente aceptados. Los conceptos calvinistas:

  1. Soberanía de Dios. Con este se indica que Dios es Soberano, y que Él tiene el poder y la capacidad propia de hacer cuanto quiere, cómo quiere y donde quiere.
  2. Elección Divina. El acto por medio del cual alguien (en este caso Dios) escoge de suyo algo o alguien para Sí mismo mucho antes de que exista o sea adquirido.
  3. Elección Soberana. El acto de decidir sobre algo que no puede rechazar la elección o selección. (Ej.: Elegir un esclavo).
  4. Predestinación. El acto por el cual se asegura el inicio y el final de lo que ha sido elegido. La mayoría lo usan como sinónimo de elección o como más importante que la elección. También se le conoce como preordinación.
  5. Gracia. El favor inmerecido ofrecido al que no es justificado.
  6. Justificación. La acción del Juez de declarar justo al culpable.
  7. Salvación. El acto por el cual Dios asegura a los elegidos y es eterna.
  8. Arrepentimiento y fe. Dones de Dios dados solamente a los elegidos.

Los conceptos arminianos son más sencillo, pero más mundanos:

  1. Elección. Acto por el cual una persona acepta a Cristo como Salvador.
  2. Predestinación. El deseo de Dios que el creyente debe preservar.
  3. Gracia. El favor inmerecido de Dios que se da al que se arrepiente.
  4. Justificación. Ser justo.
  5. Salvación. El acto por el cual Dios salva al pecador, pero está condicionada a la obediencia y la santidad.
  6. Arrepentimiento y Fe. Decisiones humanas que están separadas completamente de Dios y su voluntad.

El Problema de los Postulados Teológicos:

Sin entrar en mucho detalle de cada punto, es necesario decir que la terminología mencionada en el apartado anterior tiene sentidos muy claros y específicos en la Biblia, que no necesitan de una ayuda confesional o teológica. Veremos en este estudio cómo la Escritura, en lugar de ser apoyada y defendida realmente por los postulados teológicos, es fuertemente ignorada y atacada por aquello que pretenden decir la Verdad. Es necesario, por tanto, que el creyente se informe y se forme con relación a la verdad bíblica expresada en su forma gramatico-literal, que nos conduce a una comprensión clara del pasaje en cuestión.

Tenemos en nuestro haber, por lo menos, dos grandes confesiones identificadas: el arminianismo y el calvinismo. Ninguno de los dos es bíblico, lo que es importante indicar, pero en ambos se encuentran residuos de la doctrina realmente bíblica. Ambos conceptos siempre necesitan de algo más que la Escritura para sostener sus puntos. El calvinismo con sus Confesiones  está más cerca de la idolatría de la cual pretendió salir con Martín Lutero y Jean Calvin; el arminianismo con su humanismo desproporcionado se ha acercado a la salvación católica por obras de forma casi abierta.

Los cinco puntos del calvinismo no surgen por una asimilación de las Escrituras, sino como una respuesta en contra de los cinco puntos del arminianismo. Es importante que, en ambos casos, el postulado teológico puede distar del concepto real usado por su representante. Por ejemplo, Juan Calvino no enseñó su postulado tal como lo enseñan los calvinistas infralapsarios, ni tampoco se inclina por la compasión como muchas iglesias calvinistas lo hacen. De igual forma, es interesante notar que algunos, como el caso de Lutero, abandonaron los postulados iniciales, y terminaron sus días con conceptos teológicos diferentes.

Una posición en un postulado cualquiera que no sea el de las Escrituras, produce una herejía, o forma una secta. El sujetarse a una interpretación gramático-literal nos da la idea central de las Escritura, y esto produce en la mente del creyente una posición adecuada con la interpretación.

Los calvinistas se burlan de la interpretación gramatical y literal, siguiendo los pasos de sus antepasados católicos, y contradiciendo sus afirmaciones de que “La Escritura interpreta la Escritura”, ya que la interpretación literal nunca rechaza la simbolización o alegoría, sino que la define y la limita correctamente.

La Soberanía de Dios en la Elección

Sin importar la tendencia filosófica y teológica, es un hecho que todos los cristianos aceptamos y creemos que Dios es Soberano. Y este hecho no deja de ser una realidad en el tema de la Elección Divina. Esto, obviamente, produce complejidad y controversia, porque es demasiado alta para nosotros. Entre más pensamos y ahondamos en el tema, tanto más sentimos que menos entendemos. Calvino supuso tener toda la verdad y la resumió en una simple fatalidad divina, donde la criatura es simplemente una marioneta en las manos divinas; Arminio, por su parte, había ya expuesto que todo se solucionaba al decir que en Su soberanía, Dios todo al hombre de total capacidad de decidir en su salvación, ya fuera para ser salvo o para dejar de serlo. Ambos exponentes están equivocados.

Sencillamente debemos aceptar que todas las cosas, tanto tangibles como intangibles, tanto físicas como espirituales, tanto morales como éticas, le pertenecen únicamente a Dios. Obviamente la criatura no puede superar al Creador, y la criatura jamás podrá frustrar los Planes de quien puede hacer todo como desea y quiere. Cuando el ser humano alcanza su punto más alto, y es incapaz de lidiar con sus problemas, es cuando surge el factor de la fe. Sin intervenir en la decisión de la criatura, sin ser un déspota irracional, sin llegar a obligar a sus criaturas por engaño, cada plan divino es efectuado sin reserva, tal cómo Él deseó y planeó, tal y como Él quiso, sin haberse frustrado jamás ninguno de sus designios. Ninguna criatura racional que comprenda la realidad divina podrá decir nada negativamente en su contra, debido a la inmensa grandeza de Su presencia; porque cuantos han negado su excelsitud, han terminado en la más mísera condición de eterna perdición. Estar lejos de Dios es estar completamente bajo su ira, su terrible enojo y su condena sin fin.

En este mundo cada cosa “ayuda a bien” de los que le aman, de los que han sido llamados conforme a su eterno propósito, y por ello han sido conocidos de Dios por tiempos inmemorables. Su soberanía significa incluso haber permitido que tengamos libre albedrío, que aunque esté corrompido y totalmente degradado por el pecado, Él se ha permito reservar en el corazón de cada uno de los hombres aquella chispa única con la cual puede el hombre responder positivamente a su llamado, o puede rechazar determinantemente su oferta, sin quedar Él frustrado o vencido en la ejecución de la voluntad humana. La “muerte espiritual” no significa, como en la muerte física, el cese de la vida, debido a la separación del hálito vital de la existencia, sino aquella lúgubre, tenebrosa y espasmódica lejanía de la santidad y la presencia de su Creador. Soberano, como siempre fue, como es y como será eternamente, Dios sigue teniendo el control de todos y de todo, a tal punto que incluso las decisiones funestas y torcidas del humano caído repercuten en una gloriosa alabanza a Su grandeza y propósito.

En la soberanía del Señor, varias acciones pre-creación fueron realizadas por Él, para dar con el fin de Su glorioso plan salvador:

  1. Desde la eternidad, aún antes de haber hecho criatura racional, Dios había preparado un Reino para quienes fueren salvados de entre todas las naciones (Mt. 25:31-46). Pero es muy significativo que el “lago de fuego”, al cual van todos los hombres que han rechazado el Evangelio, fue preparado “para el diablo y sus ángeles”, es decir, un lugar de tormento angustioso alejados de la presencia vivificante del Creador, que fue preparado después de que Satanás y su ejército apóstata se rebelaran contra Él. El infierno no fue preparado para los humanos no elegidos, como pretendería el calvinismo. En su soberanía, Dios envió a su Hijo para que, después de morir en la cruz, antesprepara lugar para nosotros (Juan 14:1-3). Y de la misma manera, en su justicia, igualmente soberana, preparó en un tiempo después de la caída de Lucifer, un destino triste y alejado de Su santidad; pero no fue hecho para los hombres, sino solo para Satanás y sus ángeles; luego, por el pecado, fue elegido por Dios como el destino de todos aquellos que no creen en Cristo (Mt. 25:41).
  2. En consonancia con esta increíble preparación eterna, Jehová promete a Abraham un Pacto Incondicional con su simiente terrenal, utilizando Sus perfecto “yo” en Génesis 12: “Haré de ti una gran nación”, promesa dada a un solo hombre, a una sola nación, hace más de cinco mil años, y que a pesar de su rechazo al Mesías prometido, sigue firmemente en pie, siendo demostrado actualmente como un icono de lealtad y firmeza de las promesas dadas por Él de forma incondicional. ¡Eso es soberanía! ¡Eso es grandeza jamás alcanzada! ¿Por qué cuál criatura podría ofrecer tal promesa a un insignificate humano, cuya descendencia sería rebelde y terca, “dura de cerviz”? No obstante, cada individuo que rechazó la oferta divina, quedó condenada al lago de fuego preparado para Satanás.

  3. El Faraón, como representante de la nación más poderosa de la época de Moisés, recibe de parte de Dios la increíble veracidad: “Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra” (Ro. 9:17). Pero sabemos que el linaje faraónico no empezó ni terminó con este Faraón de la época de Moisés, sino que fue un proceso largo y lento hasta alcanzar el poderío mundial que había logrado Egipto en aquella época. Los siete años de hambre, administrados por el mismo José, no fueron adredes, no fueron casuales, sino claramente establecidos en el Plan divino para lograr cumplir sus designios. Dios “endureció el corazón de Faraón”, debido a la grandeza dada por medio de tantos años de trabajo de otros gobernantes, incluyendo a un israelí, antes que él. Por eso, cuando Jehová va a redimir a Israel, la Escritura dice que “se levantó un Faraón que no conocía a José”. Dios no eligió a un hombre para demostrar Su poder, Dios había elegido a una nación, representada en su gobernante, para demostrar en ella su verdadero poderío, al libertar a la simiente de Jacabo, esclavizada y ultrajada. ¡Es infinita soberanía cuando Dios levanta naciones y luego las humilla bajo Su poderosa mano!

  4. Es soberanía cuando Él, eligiendo ejecutar sus divinos propósitos, elige a una viuda en Serepta de Sidón, o a un asirio, para dar los dones de la abundancia y la salud, y dejar de lado a Su pueblo elegido en su ejecución de Sus actos (Lc. 4:25-27). Dios hace con sus bienes como quiere, y nada puede impedirlo. Puede estas “elecciones” no son para salvación, sino para mostrar su poder y su gracia; para dejar en claro su imparcialidad y que, aunque el hombre tiene la capacidad de rechazar o aceptar la oferta, Él sigue siendo Dueño de todo cuanto creó. Porque si Él hubiese querido, en su soberanía hubiera hecho criaturas sin libre albedrío, incapaces de decidir, sin voluntad propia, automatizados a hacer exactamente las órdenes programadas en el epicentro del alma, sin poder tener ni una poca razón para entender lo que pasa. Pero por Su gracia, eligió más bien dejar en la criatura la libertad de conciencia, la libertad de decisión, como un elemento innato e indispensable para que pudiera ser una persona. Si el pecado hubiera anulado el libre albedrío, hubiese anulado la esencia de la vida humana. Sería contradictorio predicar a un Dios que decide en todas y cada una de las cosas de los hombres, y a su vez predicar la libertad de conciencia, porque si fuera verdad que todo cuanto hace el hombre es determinado por Dios, entonces la conciencia no existiría.

  5. Las acciones humanas están determinadas y guiadas por la soberanía de Dios. Pero esto no significa que dichas acciones han sido violentadas o forzadas a hacer lo que no eran responsables. Faraón, un poderoso rey, cuyo corazón se endureció por la envidia y el rechazo a Jehová, tomando la terrible decisión de “no servir a Jehová”; en tanto Ciro, mediante una revelación especial de Dios, puede conocerle y creer en Él. Las acciones humanas, en ocasiones muy importantes, son guiadas por Dios para cumplir Sus propósitos a tal grado de perfección, que pareciera que ellos no tuvieron opciones.
  6. La elección de María, la madre del Salvador, no es menos importante en este caso. No fue elegida contra sus decisiones. Aunque el ángel del Señor aparece emotivamente anunciado que ella es “muy favorecida” y “bendita entre las mujeres”, ella responde sumisa ante el llamado, aún sin entender, confiada de que el Señor sabía lo que había de hacer; no era su obra, no era su esfuerzo, era la gracia de Dios, la cual ella aceptada sincera y sumisa. Todo el sistema calvinista utilizaría las palabras del ángel y restaría importancia a las palabras de la humilde jovencita; porque cuando ella pregunto “¿cómo ha de ser hecho esto, que no conozco varón?”, el ángel se digna a explicarle el propósito de Dios en términos futuros, aún condicionados por la aceptación o rechazo de la doncella, diciendo que el “Espíritu Santo vendrá sobre ti” y “te cubrirá con su sombra”, acto que ocurre inmediatamente después de que ella afirma: “He aquí la esclava del Señor, hágase conmigo conforme a tu palabra”. ¡No hubo reparo en la inspiración divina al dejar plasmada con tanta claridad la decisión de la jovencita, decididamente a hacer la voluntad del Señor. (Lucas capítulo 1). No mirar solo un lado, sino el todo de la Escritura, revela la verdad de que el Señor ha dejado al ser humano la capacidad de decidir.
  7. Otro punto considerado es el caso de los Apóstoles. Chafer pregunta: “¿Fueron escogidos al azar ciertos hombre para ser apóstoles? ¿Tomó Cristo los primeros hombres que se encontró después que hubo determinado asociar consigo algunos hombres o fueron escogidos estos hombres en los divinos consejos de la eternidad?”1 Es obvio que no fueron escogidos al azar. Fueron escogidos “de entre sus discípulos”. El Apostolado fue elegido cuando ya eran salvos, no antes de eso. Muchos antes de que éstos doce hombres fueran parte del Apostolado, recibieron la instrucción de Juan y aceptaron la dulce esperanza de la llegada próxima del Mesías; cuando éste apareció, entonces recibieron el llamamiento: “Venid en pos de mí…”, el cual aceptaron sin reparos y acudieron tras Él. Luego, cuando Jesús estaba con todos sus discípulos, escogió de entre ellos a doce “para que estuviesen con Él”. El principio del cual Pablo toma su teología, “elegidos en Él”, porque fuera de Cristo no hay elección; fuera del Redentor no hay salvación.

Definiendo Términos

Como bautista no es correcto calificarme de algún bando, porque creemos que no son las confesiones ni los dogmas los que definen nuestra fe, sino la Palabra de Dios escrita. No obstante, compartimos partes de los diferentes postulados, y mantenemos aquello que enseña claramente la Biblia. No debemos rehuir a los problemas que la elección soberana pueda producir, ni tampoco podemos negar o re acomodar un texto para que coincida con una creencia en particular. La Biblia nos enseña que ninguna profecía es de “interpretación particular”, sino que está sujeta al contenido total de la Escritura.

Varios términos son empleados para definir los postulados más sobresalientes: calvinismo y arminianismo. Sin embargo, no todos los calvinistas creen igual, ni tampoco los arminianos. El calvinismo y el arminianismo tienen matices internos que los clasifican.

Los términos calvinistas

Por lo menos son tres grandes grupos al que debe pertenecer cada calvinista: supralapsario, infralapsario y sublapsario. Estos tres términos impronunciables están compuestos por la palabra latina lapsus, que significa caída, y que se interpreta teológicamente como el orden lógico del decreto de Dios, que es el estudio del orden lógico (en su mente, antes de la Creación) del decreto de Dios de ordenar o permitir la caída del hombre y la reprobación en relación con su decreto de elegir y salvar a los pecadores. Se han propuesto diversas posiciones contrapuestas. Fue el calvinismo el inventar y aplicar teológicamente el término decreto a las acciones divinas, un término que siguió al arminianismo original.

Los decretos propuestos por el calvinismo son:

  1. Dios decreta elegir a algunos para la salvación y dejar a otros en su justa condenación.

  2. Dios decreta crear a todos los hombres.

  3. Dios decreta permitir la caída del hombre.

  4. Dios decreta proveer la salvación para los hombres.

  5. Dios decreta aplicar la salvación a los hombres.

El orden es una invención del siglo V, surgida de las palabras un poco desordenadas de Juan Calvino. Lo primero que debemos admitir es la invención adrede de términos que no están en las Escrituras con este sentido, e inventar un orden de los decretos que dista de la realidad bíblica. Quien estudia la Biblia, tendrá serios problemas de ubicar estos decretos en sus órdenes propuestos, y debe aceptarlos por la sola fidei, ante un desconocimiento total de ellos en las páginas sagradas.

Es interesante que Arminio no abandona nada del calvinismo (era un férreo protestante), y sigue intentando poner en orden la lista de decretos que, de cualquier forma, son inexistentes. Así, tanto el calvinismo como el arminianismo descansan sobre un supuesto, con ideas de decretos preexistentes jamás vistos en las Escrituras.

Volviendo a nuestro tema, si la palabra lapsario aplica a un ser caído, es decir, a aceptar que el ser humano sí cayó en pecado, entonces todos los postulados, incluyendo el arminianismo, es lapsarianismo.

Dentro del calvinismo encontramos entonces tres grupos, de los cuales nos ocuparemos en este momento.

El orden de decretos del supralapsarianismo

Con el prefijo supra, se quiere indicar un hiperlapsarianismo o un lapsarianismo extremo. Este grupo enseña y defiende que Dios eligió tanto para salvación como para perdición; a los salvados les aplican el epíteto de elegidos, y a los perdidos el de reprobados. En pocas palabras, Dios eligió el destino final de los hombres desde antes de crearlos, desde antes de hacer criatura alguna. Dios tomó la decisión de limitar todas las acciones de todos los seres inteligentes y de toda la creación a unos principios suyos, inamovibles, parcializados exclusivamente hacia mostrar su gloria. El orden de los decretos propuesto por los supralapsarios o bezaleanos, es el siguiente:

  1. Dios decreta elegir a unos para salvación y reprobar a todos los demás para condenación.

  2. Dios decreta crear al ser humano, tanto elegidos como reprobados.

  3. Dios decreta permitir la caída.

  4. Dios decreta proveer la salvación solamente a los elegidos.

  5. Dios decreta aplicar la salvación solo a los elegidos.

En relación a este orden de decretos, Lewis Chafer afirma:

El aspecto primordial en el orden propuesto por esta escuela de intérpretes es que el decreto de elegir a algunos y de reprobar a todos los demás ocupa el primer lugar en el orden de los decretos y, mediante esta disposición, se declara que Dios eligió el destino de los hombres antes que fuesen creados y antes de la caída. En realidad, con este sistema los hombres están abocados a la perdición antes de que pudieran pecar y sin otra causa que la voluntad soberana de Dios2.

Y continúa Chafer explicando la razón del porqué esta posición es incorrecta:

Es cierto que Dios, como Causa Primera, al crear al hombre sabía quienes serían reprobados, pero esta responsabilidad, como la de la presencia del pecado en el mundo, no puede nunca la criatura achacársela a Dios3.

Esta posición de los supuestos decretos tiene graves problemas de consideración hacia los textos bíblicos que nos dicen el origen del pecado. Debido a que este supralapsarianismo afirma que Dios decretó primero la elección y la caída del hombre, está fundando toda la responsabilidad del pecado a Dios, porque el humano no ha sido creado, sino que va a hacer creado en un futuro. por lo tanto, culpar a un no ser, es declararlo culpable anticipadamente de forma parcializada y sin fundamento en ningún acto cometido, por lo que la culpa y la condena, así como la salvación, están siendo aplicados a una irrealidad, según la decisión soberana. En esto se mostraría la dura afirmación de que Dios realmente originó y planificó todo el pecado, el mal y todas las acciones negativas, porque está condenando a un ser que no existe, usando acciones que no existen para juzgarle y condenarle.

En Romanos 9, hablando de su elección de endurecer o tener misericordia, el Apóstol Pablo emplea términos que requieren la ya existencia del ser, pues dice: “De manera que del que quiere, tiene misericordia, y al que quiere, endurece” (v. 18). Pero la propuesta supralapsaria indica que Dios está endureciendo a “algo” o “un alguien” que no existe, que es irreal, y por tanto, no es capaz de recibir ninguna palabra dicha.

Estamos de acuerdo que Dios ha decidido crear al hombre, y soberanamente ha decidido lo que éste debe vivir y cuánto tiempo durará en la tierra, e incluso, ha elegido los medios por los cuales el hombre puede ser salvo fuera de todo mérito humano; por lo que si existiera un supuesto decreto primero, debería ser el de crear al hombre, no el de salvarlo o condenarlo, porque existe la necesidad de la existencia para poder condenar o salvar.

Observemos, en todo caso, que el texto bíblico no habla de decretos ni establece un orden de ellos. Simplemente se aboca a declarar que todos los elegidos ya son existentes, y por ello, han podido ser elegidos de entre una masa o mundo que ya existe (Jn. 15:19). Además, la elección no se hace con miras a ser justificado, sino a ser “santificado y sin mancha delante de Él” (Ef. 1:4), y para ser “obedientes” (1ª P. 1:2). Por eso, la elección es hecha “en Él”, dentro de Cristo y no fuera de Cristo. Cualquiera criatura fue inexistente antes de la Creación, y por tanto, no podía ser elegida para salvación o condenación, porque aún no “estaban en Él”. En Efesios 1:4 es claro que la elección que se hizo “antes de la fundación” del mundo fue hecha “en Él” a personas ya redimidas. Es más válido pensar que la elección fue decidida antes del mundo en Cristo, quien sí existía, y por tanto, todo aquel que crea en Él pasa a ser parte integral de los elegidos, porque pasa a estar “en Él”, quien fue elegido antes de todas las cosas (1ª P. 2:6).

Asimismo se afirma que Dios elige “al impío” y al “malvado”, como un hecho real en la vida del ser humano. El ser humano es impío, y entonces puede ser elegible para salvación, pero si no existe, entonces no es ni impío ni malvado. Quizá el único versículo que podrían argumentar a su favor es Romanos 9:11, pero solamente si lo hacen fuera del contexto. Pues aunque dice que los niños “no habían hecho ni mal ni bien”, también se afirma que Dios decidió que el mayor sirviera al menor (v. 12), y sabemos que eso no pasó en la vida de estos dos hombres, sino en las descendencias de ellos. La elección, según el contexto de Romanos 9, es efectuada sobre pueblos, y es la parte maravillosa, porque Dios eligió a “Jacob”, es decir, a Israel, para hacer de él una nación que haría que los descendientes de Esaú le sirvieran (Gn. 25:23). Tomar Romanos 9:11 de forma aislada, es cometer un gramaticidio intencional, conduciendo a una errónea interpretación.

El orden de los decretos infralapsarios

Los infralapsario se conocen como calvinistas moderados, porque siguen un orden distinto del fatalismo supralapsario.

El Sínodo de Dort fue un sínodo nacional que tuvo lugar en Dordrecht, en Holanda en 1618/19, por la Iglesia Reformada Holandesa, con el objetivo de regular una seria controversia en las Iglesias Holandesas iniciada por el ascenso del Arminianismo. La primera reunión del sínodo fue el 13 de noviembre de 1618 y la última, la 154ª fue el 9 de mayo de 1619. Fueron también invitados representantes con derecho de voto venidos de 8 países extranjeros. El nombre “Dort” era un nombre usado en ese tiempo en inglés para la ciudad holandesa de Dordrecht. El sínodo es a veces llamado el Sínodo de Dordt, o Sínodo de Dordrecht.

El sínodo decidió el rechazo de las ideas arminianas, estableciendo la doctrina reformada en cinco puntos: depravación total, elección incondicional, expiación limitada, vocación eficaz (o gracia irresistible) y perseverancia de los santos. Estas doctrinas, descritas en el documento final llamado Cánones de Dort, son también conocidas como los Cinco puntos del Calvinismo. Tras este sínodo Johan van Oldenbarnevelt y otros dirigentes principales del arminianismo fueron ejecutados, mientras que otros muchos, entre los que se encontraban Hugo Grocio y Simón Episcopius, tuvieron que exiliarse4.

Teólogos muy reconocidos, como Lewis Chafer y Charles Hodge son de tendencia infralapsaria, aunque con matices de diferencia. El orden de los decretos infralapsarios es el siguiente:

  1. Dios decreta crear a todos los hombres.
  2. Dios decreta permitir la caída.
  3. Dios decreta proveer la salvación para los hombres.
  4. Dios decreta elegir a todos los que creen, y dejar en reprobación a todos los que no creen.
  5. Dios decreta aplicar la salvación a los que creen.

Entre los infralapsarios moderados existe un grupo conocidos como redencionistas ilimitados, aunque difieren de algunos puntos esenciales en cuanto a sus postulados. Creemos que todo el conjunto del Plan de Salvación no depende de un orden de decretos que hay que inventar, sino que son parte de un todo, y que cada acto es decidido y efectuado al mismo tiempo que todos los demás, por lo que el orden varía de forma completa.

El orden de los decretos sublapsarios

Los sublapsarios son casi idénticos a los infralapsarios, pero difieren en que aceptan una redención limitada; aunque el orden de los decretos es muy similar, difieren en que ponen el decreto de “elegir” antes del decreto de “salvar”, reduciendo con ello la idea de una redención ilimitada. El orden de los decretos sublapsarios es el siguiente:

  1. Dios decreta crear a todos los hombres.
  2. Dios decreta permitir la caída.
  3. Dios decreta elegir a los que creen y dejar en su justa condenación a los que no creen.
  4. Dios decreta proveer salvación a los hombres.
  5. Dios decreta aplicar la salvación a los que creen.

Realmente, entre los calvinistas esta diferencia de orden de los decretos es casi imperceptible. Aunque actualmente la mayoría de calvinistas son infralapsarios, la tendencia a un supralapsarianismo es inevitable. Todos los grupos de lapsarios calvinistas no aceptan una interpretación consistente con las Escrituras, y se inclinan a una u otra declaración de las confesiones de fe.

El siguiente cuadro puede ayudarnos a entender las diferencias entre los diferentes grupos de lapsarios calvinistas:

Como se puede observar, se puede creer en que Dios ofrece la salvación a todos los hombres, sin caer en el fatalismo supralapsario.

Propuesta de Jacobo Arminio o Arminianismo

El arminianismo enseña una idea diferente del calvinismo. Pero debemos enfatizar que el arminianismo origianl, es decir, la enseñanza propuesta por Jacobo Arminio, solo se diferenciaba del calvinismo en relación a la elección, porque todo lo demás seguía siendo calvinista, pues, sigue usando incluso la terminología de decretos. Jacobo Arminio proponía un sistema diferente, según él, más apegado a las Escrituras. Un autor lo expone de la siguiente manera5:

La posición de Arminio en cuanto a la predestinación quedó claramente expuesta en su Declaración. Después de analizar y refutar la doctrina calvinista en sus diferentes interpretaciones, presenta su propio punto de vista:

1. El primer decreto absoluto de Dios relativo a la salvación del hombre pecador es aquel por el cual decretó la asignación de su hijo, Jesucristo, como Mediador, Redentor, Salvador, Sacerdote y Rey, que pudiera destruir el pecado por su propia muerte, obtener mediante su obediencia la salvación de lo que se había perdido y comunicarla por su propio poder.

2. El segundo decreto preciso y absoluto de Dios es aquel por el cual determinó recibir en su favor a quienes se arrepintiesen y creyesen en Cristo, por su causa y mediación, llevar a efecto la salvación de tales penitentes y creyentes que perseverasen hasta el fin. Determinó, además, dejar en el pecado, y bajo la ira, todas las personas impenitentes e incrédulas, y condenarlas como ajenas a Cristo.

3. El tercer decreto divino es aquel por el cual Dios decretó administrar de manera suficiente y eficaz los medios que eran necesarios para el arrepentimiento y la fe e instituir la administración siguiente: a) de acuerdo con la sabiduría divina, por la cual Dios conoce lo que es propio y conveniente, tanto a su misericordia como a su severidad; y b) de acuerdo con la justicia divina, por la cual Él está presto a adoptar todo aquello que su sabiduría prescriba y ejecute.

4. A éstos sigue el cuarto decreto, por el cual Dios determina salvar y condenar ciertas personas particulares. Ese decreto tiene su fundamento en la presciencia de Dios, por la cual Él conocía desde la eternidad a aquellos individuos que, por la gracia preveniente de Dios, creerían, y por su gracia subsecuente, perseverarían, de acuerdo con la ya mencionada administración de aquellos medios que son adecuados y propios para la conversión y la fe; y, por dicha presciencia, Él conocía igualmente a aquellos que no creerían ni perseverarían.

Es de importancia que entendamos cuál era el concepto arminiano original de perseverancia, si era por obras o era por gracia. En la declaración número 4, Arminio creía en la gracia subsecuente, que era la responsable de que los salvados pudieran perseverar hasta el final.

Sin embargo, Juan Calvino condenó la posición de Arminio, y aunque la misma estaba desquiciada de una razón netamente bíblica, igualmente Calvino discurría de la verdad entre muchos conceptos filosóficos de Agustín y los padres de la iglesia.

Ahora bien, Jacobo Arminio no era pelagiano, como afirmó y se afirma dentro del calvinismo. El mismo autor expresa lo siguiente con relación a esto, citando al mismo Arminio, cuando dice que el ser humano, después de haber caído,

En tal estado, el libre albedrío del hombre para determinar el bien verdadero no está solamente herido, mutilado, debilitado, torcido y atenuado, sino que está también apresado, destruido y perdido. Y sus facultades no solamente están debilitadas e inutilizadas – a menos que sean auxiliadas por la gracia –, sino que carece absolutamente de capacidad si ésta no se produce por la gracia divina. Porque Cristo ha dicho: «sin mí nada podéis hacer». San Agustín, después de haber meditado diligentemente en cada palabra de este pasaje, habla así: “Cristo no dice: ‘sin mí podéis hacer poco’; ni dice ‘sin mí no podéis hacer nada difícil’, ni ‘sin mí podéis hacer algo con dificultad’. Él dice: ‘sin mí no podéis hacer NADA’. Tampoco dice: ‘sin mí no podéis completar nada’; sino: ‘¡Sin mí NADA podéis hacer!’6.

Si no se dijera que estas son palabras de Arminio, muchos calvinistas alzarían sus manos diciendo ¡Amén!

1Teología Sistemática, tomo II, pág. 987

2Chafer, Teología Sistemática, tomo I, página 995.

3Ibid.

4https://es.wikipedia.org/wiki/Sinodo_de_Dort

5Escogidos en Cristo, José M. Martínez y Ernesto Trenchard, pág.s. 259-260.

6Ibid, pág. 261.