Parábola del Sembrador

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Capítulo 1

La Parábola del Sembrador

He aquí, el sembrador salió a sembrar. Mientras él sembraba, parte de la semilla cayó junto al camino; y vinieron las aves y la devoraron. Y parte cayó en pedregales, donde no tenía mucha tierra; y brotó pronto, porque no tenía profundidad de tierra; mas al salir el sol, se quemó; y se secó porque no tenía raíz. Y parte cayó entre espinos; y los espinos crecieron, y la ahogaron. Y parte cayó en buena tierra, y dio fruto, uno a cien, otro a sesenta, y otro a treinta. El que tiene oídos para oír oiga. Mateo 13:3b-4.

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Del grupo de 7 parábolas, la Parábola del Sembrador, es la única que no inicia con la frase: “El Reino de los Cielos es…”, sino que entra con una advertencia sublime: “He aquí…”. El término “he aquí”, es tomado del término griego “ἰδού”, que está en segunda persona singular, en modo imperativo, voz media, y que viene del término griego eidon:ver”, llamando la atención a lo que puede ser visto u oído, o aprendido mentalmente en cualquier forma. El término primero se traduce casi siempre como «he aquí», pero unas pocas veces como «mirad». Esta parábola será la que nos dará la explicación a las otras parábolas.

Por eso, para entrar en detalle, primero debemos considerar algunas generalidades de la parábola del Sembrador:

  1. “He aquí, el sembrador salió a sembrar” (v. 3). La frase solamente es usada por Mateo y Marcos, porque Lucas dice “uno que sembraba salió a sembrar su semilla” (Lc. 8:5). En los dos primeros Evangelios el “sembrador” (en singular), refiere primeramente a Cristo, pero en Lucas puede ser cualquiera, por lo que Lucas hace una aplicación más extensa que la persona de Jesús, por lo que sabemos que la parábola se aplica en dos formas:

    1. Primeramente a Jesús, quien esparce “su semilla” (Lc. 8:5).
    2. Secundariamente a Sus seguidores, nosotros (Mr. 4:3).
  2. El “sembrador” es aquel que esparce la semilla, que el mismo Jesús interpreta como “la palabra del Reino” (Mt. 13:19) y “la palabra de Dios” (Lc. 8:11) o solamente “la palabra” (Mar. 4:14). Esto nos da tres ideas del uso del término “la semilla”:

    1. Mateo enfoca claramente al sembrador con Jesús, quien vino predicando el “Evangelio del Reino de Dios” (Mt. 4:23). El sujeto principal es el que oye la Palabra (v. 19) más que la Palabra misma.
    2. Marcos lo enfoca con “cualquiera” que siembra la Palabra, no el que escucha la Palabra (Mr. 4:14). Está enfocado en el sembrador.
    3. Lucas enfoca la simiente en la Palabra (Lc. 8:11), no está enfocado en quien oye ni en quien predica, sino en el producto que esparce, la semilla de la palabra de Dios.
    4. Estos tres Evangelios nos dan los tres sujetos principales en la parábola del Sembrador: El sembrador, el que escucha y la semilla.
  3. En las otras parábolas veremos rasgos de esta primera parábola. Veremos que las otras seis parábolas vuelven a mencionar varios elementos de la primera parábola:
    1. Un terreno.
    2. Un individuo que trabaja.
    3. Un producto (semilla, moneda, objeto).
    4. Elementos negativos (aves, desesperación, pruebas, ansiedad, decisiones, etc.)
    5. Elementos positivos (producto, felicidad, ganancia, enriquecimiento).
  4. La parábola del Sembrador nos demostrará los dos grandes reinos:
    1. El Reino de Dios y el Reino del Malo.
    2. Los hijos de Dios y los hijos del Malo.
    3. Las ganancias de Dios y las pérdidas del Malo.
    4. La felicidad de Dios y la desdicha del Malo.
    5. La seguridad de Dios y la inseguridad del Malo.
    6. Dios es el Bueno, y el Malo es el diablo.

Las características del campo de siembra:

  1. Era un terreno sin cercados, sino determinados por caminos, que estaban formados por un espacio duro (donde transitaba la gente) y bordes pedregosos, generalmente por la limpieza del campo de trabajo.

  2. Las semillas se tomaban con las manos, no había maquinaria ni industria; esto hacía que las semillas cayeran por todas partes y al lanzarlas, se esparcieran aún más allá del campo arado.

  3. Las aves son libres, capaces de ir donde desean sin restricciones.
  4. Las aves podían comer las semillas que caían en el espacio duro del camino, porque el sembrador no podía recoger esa semilla.
  5. Las piedras hacían un espacio imposible de cubrir con rapidez para recoger las semillas.

En las parábolas las aves siempre serán negativas, ejemplificando lo malo. En Hechos 10:12 y 11:6 se usan las aves (junto con otros animales), para ejemplificar las especies inmundas. En Apocalipsis 19:17-21 se utiliza a las aves para “comer” la carne de todos los juzgados cuando entre el Reino Milenial. Aunque no siempre son objeto negativo, en las parábolas y otros textos es sinónimo de maldad.

Las divisiones de la Parábola del Sembrador

La parábola del Sembrador está dividida en cuatro por el mismo Señor. Cada división es importante en el concepto que Jesús quiere transmitir al final. La parábola del sembrador se divide en cuatro partes:

  1. Los de junto al Camino. (Mt. 13:4).
  2. Los de los Pedregales (Mt. 13:5-6).
  3. Los de los Espinos (Mt. 13:7).
  4. Los de la Buena Tierra (Mt. 13:8).

Cada uno de estos aspectos refleja el corazón de los hombres. No todos somos iguales, pero cuando la Palabra de Dios, cada corazón humano reaccionará según su tierra. La semilla solamente podrá crecer y dar fruto en las condiciones adecuadas. Como veremos, el hecho de que la semilla germine no significa que la tierra sea buena. Por eso, debemos entender los principios básicos, para comprender las otras parábolas y enseñanzas difundidas en los Evangelios. Esto se resume en una frase básica: La predicación del Evangelio depende del tipo de corazón, no del Evangelio. No es la Verdad quien tiene el problema, sino el recipiente donde llega esa verdad.

Los de Junto al Camino (Mt. 13:4; Mr. 4:4; Lc. 8:5)

  1. Son las personas que oyen el Evangelio, pero no lo entienden (v. 19a).
  2. Como no la entienden, la semilla no germina, porque el diablo la arrebata del corazón de esa persona (v. 19b).
  3. Dice que la semilla es “hollada”, o pisoteada por la gente en el camino antes de que las aves la coman (Lc. 8:5). Significa la presión humana, la resistencia social al Evangelio.
  4. Las “aves” representan al diablo, arrebatando la semilla para que no germine, por medio de sus “emboscadas” (Ef. 4:14).
  5. Se mencionan de primero porque es el grupo más grande en el mundo; casi nadie entiende el Evangelio, porque Satanás les ha “tapado” los ojos (2ª Cor. 4:3-4). La verdad no penetra, porque queda suelta sobre la superficie del corazón, hasta que el maligno, temeroso de perder una víctima, o como dice Lucas (Mt. 8:12), “para que no crean y se salven”, halla algún tema frívolo por cuyo poder más activo quita la atención de la persona, y la verdad del evangelio desaparece.
  6. La gran verdad enseñada aquí es, que los corazones duros y no quebrantados no son terreno apto para recibir la verdad salvadora, y por eso, el creyente no debe dedicarse a seguir echando semillas donde el suelo está duro, y pisoteado, donde las aves tienen su oportunidad.
  7. Estas personas no toman la Palabra de Cristo (Mt. 13:19) como el medio usado por Dios para restaurarlos hacia él mismo.
  8. ¡Cuántos oidores de la Palabra pueden ser descritos en esta forma tan dolorosa! ¡Cuántos de nuestras familias perecen por falta de conocimiento!

Los de los Pedregales (Mt. 13:5; Mr. 4:5; Lc. 8:6)

  1. Dice que cayó “sobre pedregales”, pero Lucas aclara que cayó sobre “la piedra”. Era común que hubieran piedras planas grandes, cubiertas por una pequeña capa de tierra.
  2. Estos son los “falsos convertidos”, lo que llegan con gozo a la iglesia y profesan alegremente su “cambio” (Mt. 13:20).
  3. Estos falsos hermanos se darán por conocidos cuando vengan varios conflictos a su vida:
    1. aflicciones (Mt. 13:21), ya sea por causas familiares, sociales o económicos.
    2. tribulación (Mr. 4:17), principalmente por aquellas experiencias negativas de muchas índoles que son prácticamente permanentes por mucho tiempo.
    3. persecuciones (Mt. 13:21; Mr. 4:17), por parte de la sociedad.
    4. tentaciones (Lc. 8:13), por la propia carne humana (Stg. 1:13; cf. Mt. 26:31; 1ª Cor. 10:12) o por las riquezas (1ª Ti. 6:9), o por pretender que Dios debe darles todo a su manera (He. 3:8); porque no pertenecen a Dios (2ª P. 2:9).
    5. La verdad enseñada aquí es que los corazones impresionados superficialmente son propensos a recibir la verdad con prontitud, y aun con gozo (Lc. 8:13), pero el calor quemante de las tribulaciones o persecuciones a causa de la Palabra, o las pruebas que su nueva profesión trae sobre ellos, pronto secan su apetito por la verdad, y marchitan la promesa apresurada de fruto que ellos mostraron. ¡Cuán frecuentes son semejantes desengaños de un ministerio fiel y despertador!
  4. Estos falsos creyentes tienen dos cosas en común:
    1. La semilla brota inmediatamente debido a la poca profundidad del suelo.
    2. Los rayos del sol pronto la marchitan y queman, “porque no tiene raíz” (v. 6), y “porque no tenía humedad” (Lc. 8:6).
    3. Todos pasan una de tres experiencias cuando se seca la raíz de aquella superficial conversión:
      1. Se Tropiezan (Mr. 4:17). Es decir, no pueden quedar libres del engaño de otras sectas, y caen en religiones falsas, imposibles de salir de ellas. Muchos creen que son “creyentes” que se apartaron, pero realmente son perdidos que una vez pensaron ser creyentes.
      2. Se Ofenden. ¿Cuántas veces no se han ido ofendidos de nuestras iglesias personas que buscaban un beneficio personal? Son personas que no piensan más que en sí mismas, y cuando entran en la razón de que ya no hay nada para ellas, se ofenden con la Palabra, y se apartan por completo. ¡Cuántos de estos no son ahora ateos!
      3. Se Apartan. Son aquellos disque creyentes, pero viven en pecado moral, en licor, en libertinaje y en maldad… y cuando nos ven dicen: “Sí, yo sé que debo mejorar. Un día hago el intento”. ¡Nunca nacieron de nuevo! Su corazón sigue siendo una piedra sin protuberancias!

El de los Espinos (Mt. 13:22; Mr. 4:18-19; Lc. 8:14).

  1. Es la persona que oye la Palabra de Dios, pero no puede decidir por ella porque vive sumergido en la vida de este mundo (Mt. 13:22).
  2. Ellos escuchan la “palabra”, pero se “van”, es decir, no toman una decisión, y regresan a su vida común (Lc. 8:14b).
  3. Ellos viven preocupados por las cosas de ésta vida (Mr. 4:19).
  4. Ellos viven engañados con la riqueza, con la codicia y con el afán (Mr. 4:19b; Mt. 13:22).
  5. Están sumergidos en los pasatiempos de esta vida (Lc. 8:14b). ¿Será todo aquello que nos distrae de la vida sencilla y devocional con Dios?
  6. Todos estos “quehaceres” ahogan la palabra y se hace sin fruto (Mr. 4:19c; Mt. 13:22c).
  7. Nótese que la tierra es buena, pero está sembrada de tanta cosa mala, que la buena semilla no tiene luz del sol, y un exceso de humedad que la va ahogando poco a poco. Todo esto “ahoga”, o “estrangula” la palabra, porque atrae tanto la atención de uno, absorbiendo tanto su interés, y consumiendo tanto su tiempo, que sólo las heces o desperdicios de éstos quedan para las cosas espirituales, y al fin toda la religión de tales personas consiste de un formalismo desfallecido, apresurado y frío. ¡Qué cuadro tan vívido de la condición triste de muchas personas, especialmente en los grandes países comerciales, que en una ocasión prometieron mucho fruto! “No llevan fruto a la perfección,” que es la traducción correcta de Lucas 8:14, indicando cuánto crecimiento pudiera haber, en las primeras etapas de semejantes casos, y cuánta promesa de fruto, el cual nunca madura. ¿Acaso habrán muchos en las iglesias en estas condiciones?

Los de la buena tierra

  1. Estos son los que oyen la Palabra y la reciben (Mr. 4:20; Mt. 13:23). Nos recuerda las palabras de Jesús en Juan 1:12-13, sobre la necesidad de recibirle.
  2. Las características de estas personas son notables:
    1. Oyen la Palabra. Los tres evangelios enfatizan que se escucha lo que se habla, con entereza y sinceridad.
    2. Marcos dice que la reciben, como quien acepta un regalo valioso.
    3. Mateo dice que la entiende, como quien analiza noblemente el contenido interesante que le cautiva.
    4. Lucas afirma que la retienen con corazón bueno y recto. ¡Aquí hay conversión!
  3. Esta Palabra recibida, entendida y retenida, producirá fruto, según la capacidad propia de la semilla, y según los nutrientes del suelo (1ª Cor. 3:7-8):
    1. Unos, a treinta por ciento. Para señalar el grado más bajo de fecundidad; quizá la mayoría que edifican con heno y hojarazca (cf. 1ª Cor. 3:12a)
    2. Otros, a sesenta por ciento. Para señalar el grado intermedio de fecundidad (1ª Cor. 3:12b).
    3. Otros, a cien por ciento. Para señalar el grado máximo de fecundidad, como el Apóstol Pablo (1ª Cor. 3:9). Así como la cosecha “de a ciento”, aunque no es algo imposible (Gn. 26:12), es un rendimiento raro en la agricultura natural, del mismo modo, los altos rendimientos espirituales son raros en la historia de la iglesia.
    4. Pero todos dan “fruto en paciencia” (Lc. 8:15). Esto significa que es un fruto “continuo”, soportado, a pesar de todas las tribulaciones y tragedias; el fruto es dado según el candor ofrecido a la semilla en el corazón.

El que tiene oídos para oír, oiga.

Las palabras finales de esta parábola introductoria parecen propuestas para llamar la atención al carácter fundamental y universal de la misma, como explicamos con anterioridad.