El Calvinismo es una Herejía

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El Lector notará que en el título de este artículo, la palabra “doctrina” aparece entre comillas. Esto es porque técnicamente, la predestinación no debe categorizarse como doctrina. La palabra “predestinación” nunca se menciona en la Biblia, mucho menos en relación con la doctrina. La palabra “predestinar”, o alguna de sus formas, solo aparece tres veces en las Escrituras: Romanos 8:29 (“predestinó”), Efesios 1:5 (“predestinado”), y Efesios 1:11 (“predestinados”). En estos tres pasajes, el verbo predestinar no se utiliza como referencia al hecho de que uno sea o no salvo; sino que se utiliza para explicar la posición o el privilegio compartidos en el futuro, de los que ya somos salvos por la fe.

Quizá el texto más usado por los cristianos para consolar el corazón y animarse, es el de Romanos 8:28. Este pasaje ha sido una fuente de mucho consuelo en tiempos de confusión, acerca de los eventos contrarios de la vida de un cristiano consagrado al Señor. Ahora, es necesario que el pasaje de Romanos 8:28 sea entendido en su contexto y mensaje básico. El verso 29 es esencialmente importante para ello. Romanos 8:29 no habla de la predestinación para ser salvo o no serlo, sino que habla del “pre diseño” de un individuo salvo, para ser hecho conforme a la imagen del Hijo de Dios. Dios ha predeterminado[1] que nosotros seamos como Cristo, pero no ha predestinado a nadie para ser o no salvo.

La teoría filosófica, que se conoce comúnmente como “calvinismo”, fue introducida por el teólogo católico Agustín de Hipona, en el siglo IV. Agustín enseñó que Cristo no murió por todos los hombres, sino que murió solo por unos cuantos, a los cuales Dios había escogido y predestinado para ser sus hijos. Enseñó que todos los demás fueron creados para ir al infierno. Enseñó, como una verdad, que todos los que fueron creados para ir al Cielo, estaban como si ya estuvieran en el Cielo, y que todos los que fueron creados para ir al Infierno, estaban como si ya estuvieran en el Infierno. A Agustín póstumamente le fue otorgada la canonización por la Iglesia Católica Romana. En esencia, la doctrina de la predestinación es de origen católico.

En relación a la elección, la Biblia Católica Félix Torres Amat, en sus notas al final, dice:

Elegidos. Comúnmente significa en el nuevo Testamento lo mismo que fieles, o aquellos que Dios eligió para componer su iglesia[2].

Y en relación a al Predestinación, asegura:

Predestinación. Predestinar es dirigir o destinar alguna cosa a un cierto y determinado fin… la acción con que Dios destina al hombre a la gloria eterna, o antes a la verdadera Iglesia, se llama predestinación[3].

Más de 1,000 años después de Agustín de Hipona, Juan Calvino, un ex sacerdote católico, empedernido seguidor de Agustín, avivó esta enseñanza que había sido olvidada, ya que desde la muerte de Agustín el catolicismo y las iglesias la desecharon. Pero como fue Calvino quien la reavivó, la enseñanza se clasificó como “calvinismo”, y al seguidor como calvinista. Realmente esta enseñanza es agustinismo, porque fue Agustín el padre de esta enseñanza. El apego completo de Juan Calvino a Agustín se nota porque también enseñó que el bautismo de los infantes es necesario para poder ir al Cielo, una enseñanza herética del agustianismo, heredada en el catolicismo.

Agustín también enseñó que una persona podría tener una regeneración genuina, piedad genuina, y hasta fe genuina, pero que si no era miembro de la Iglesia Católica, nada de esto le serviría, y a pesar de las buenas virtudes, se iría al Infierno, una doctrina que aún predica el catolicismo. Esta doctrina es modificada levemente en el calvinismo, aplicando no directamente a la iglesia, sino a la elección el concepto, ya que ellos afirman que personas con piedad genuina, arrepentimiento genuino y fe genuina, si no han sido elegidos, se van al infierno. Afirman que los niños no natos que no han sido elegidos, van al infierno. Aunque es cierto que Calvino creía que la Iglesia es la única depositaria de la salvación.

Agustín también enseñó la perfección sin pecado de María, es decir, que María estaba sin pecado como Cristo. Es comprobable que muchos de los errores doctrinales actuales de la Iglesia Católica tienen su origen en los escritos de Agustín.

Nadie pretendería que Juan Calvino haya sido bautista. Él fue un reformador. No mostró verdadero cristianismo ni en su actitud ni en su comportamiento. Fue un tirano que perseguía y encarcelaba a los que no estaban de acuerdo con él.

Actualmente algunos enseñan que un cristiano tiene que ser, por fuerza, calvinista o arminiano. Pero esto es totalmente falso. Un cristiano puede y debe creer simplemente en la Biblia. No pretendemos comenzar a entender la mente de Dios tocante a la relación entre su soberanía y la voluntad libre del hombre. Sin embargo, sí entendemos la enseñanza clara de la Palabra de Dios, que Dios le dio al hombre una voluntad libre para escoger entre el bien y el mal, y una voluntad libre para aceptar o rechazar a Cristo como su Salvador. La doctrina de la predestinación absoluta, como la presentan los “calvinistas” se reparte entre cinco puntos (en inglés, los puntos comienzan con las letras T.U.L.I.P., formando un acrónimo que significa “tulipán”). En el siguiente resumen lo veremos en su sentido español:

1 LA DEPRAVACIÓN TOTAL.

Este término es usado por Juan Calvino de una forma muy distinta. La interpretación bíblica de la Depravación Total, es que todo individuo humano es pecador por naturaleza, por elección y por práctica. Todos tienen una naturaleza pecaminosa. La Depravación Total no significa que todo individuo es tan malo como es posible que sea. No significa que todos los hombres son tan malos en sus acciones terrenales, en lo que es humanamente posible ser, o como lo serían. Si el hombre no tiene la voluntad libre para escoger entre el bien y el mal, ¿cómo se explica la enorme diferencia entre el criminal habitual que asesina sin conciencia ni remordimiento, y el hombre moralmente bueno pero inconverso, líder en asuntos civiles y sociales en su comunidad? Hay cosas buenas y encomendables en las vidas de muchas personas que no pretenden ser cristianas (no son buenas a los ojos de Dios, pero en un sentido terrenal, sin son buenas obras).

La “Depravación Total” significa que cada aspecto de la naturaleza de la persona ha sido afectado, tocada, manchada, contaminada, pervertida o influenciada por el pecado. Todos los hombres son capaces de ser totalmente “buenos” (estamos hablando en comparación con los demás hombres, no de su condición espiritual), sin embargo, por su voluntad libre escogen no serlo. Esta es la interpretación bíblica de la Depravación Total, una posición gustosamente tenida por los bautistas fundamentales.

Juan Calvino, tomando la doctrina bíblica de la Depravación Total, añadió a la Palabra de Dios y la amplió a una posición extremosa y antibíblica. Juan Calvino llamó su doctrina “Depravación Total”, sin embargo, lo que Juan Calvino enseñó debe ser llamado “herejía”, porque él enseña “El Fatalismo”. Bajo el término “Depravación Total”, Calvino creyó, enseñó y promovió la “Incapacidad Total”. Enseñó que el hombre no tiene voluntad libre en el asunto de la salvación, sino que su salvación o perdición fue predeterminada solo por Dios, y que el hombre obra mecánicamente como un robot. En respuesta a preguntas acerca de esto, Juan Calvino escribió:

“¿Quién, entonces, podrá ser salvo? Eso es lo que decide solamente la voluntad soberana de Dios, y nada más. Es asunto puramente de la voluntad soberana y divina que, sin duda, por buenas razones que solo Dios mismo conoce, y que ninguna de éstas está relacionada a ninguna cosa que distingue a un hombre de otro, Dios escoge a algunos y rechaza a los demás. La elección de Dios no tiene que ver con la presciencia excepto en cuanto a que El sabe previamente quiénes serán los miembros de la raza humana.” (Los Institutos de Calvino, III, xxiii, página 10).

Las Escrituras enseñan que entre Génesis 2:16 y Apocalipsis 22:17, Dios le dio al hombre la libertad para escoger. Pero en relación con Génesis 2:16-17, Juan Calvino habla engañosamente. La Biblia dice: “Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; 17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.”

Observe que Dios mandó a Adán que no comiera del árbol de la ciencia del bien y del mal. Pero Juan Calvino quiere que creamos que Dios, en efecto, mandó que Adán no hiciera tal cosa, pero que Dios ya había determinado que Adán violara el mandato de Dios. Esta enseñanza de Calvino convierte a Dios en el autor de la desobediencia voluntaria. Juan Calvino escribió:

“La única ocasión en que se podría suponer que haya existido la voluntad libre, fue en Adán antes de la caída. Adán pudo haber resistido, si quisiera, siendo que cayó solo por su propia voluntad. En esto la integridad del hombre fue dotada de una voluntad libre por la cual, si hubiera escogido, habría obtenido la vida eterna. Sin embargo, no existe la realidad en la voluntad libre así atribuida al hombre, en vista de que Dios había decretado la caída, y por lo tanto esto debe haber de alguna manera predispuesto la voluntad de Adán. Su voluntad no fue dejada en un equilibrio neutral, ni tampoco su voluntad jamás fue en suspenso ni incertidumbre. Fue inevitablemente seguro que tarde o temprano, Adán caería en la maldad, y con esa caída inevitable, se desapareció todo rasgo de la libre voluntad que el hombre habrá tenido. A partir de ese tiempo, la voluntad se corrompió junto con toda la naturaleza del hombre. El hombre ya no poseía la capacidad de escoger entre el bien y el mal.” (Los Institutos de Calvino, II, Página 8).

La creencia que el hombre no tiene la capacidad de escoger entre el bien y el mal, pone la responsabilidad y el origen del pecado del hombre sobre Dios. Calvino quiere que creamos que somos “robots”, y que nuestras acciones son decretadas por la voluntad soberana de Dios. La creencia que el hombre no tiene capacidad de escoger entre el bien y el mal, y que como consecuencia, hace el mal, pone la responsabilidad del pecado del hombre sobre Dios mismo. Esa es una posición bíblicamente intolerable[4].

En la declaración misma de Calvino arriba citada, una vez más Calvino habla con engaño: Primero dice que Adán pudo resistir; luego, que Adán cayó por su propia libre voluntad; y al final afirma que la caída fue decretada por Dios. Juan Calvino. ¿Cuál es su posición finalmente? Las tres declaraciones no pueden ser verdad[5].

La Biblia enseña claramente que Dios alumbra a los pecadores (Juan 1:9; 12:32, y 16:8). La Biblia enseña también que el hombre tiene una voluntad libre, y que el hombre ejerce libremente esa voluntad. Esto se cubrirá también bajo el punto llamado “Gracia Irresistible”. Por ahora, notemos simplemente que a través de la Biblia Dios establece la voluntad libre del hombre para escoger para sí mismo (Juan 1:12, 3:16, 5:24, Hechos 2:21, 16:30-31. Esta es una lista corta de muchos versículos que establecen la voluntad libre del hombre para escoger.

Los bautistas fundamentales rechazamos la enseñanza de Juan Calvino tocante a lo que él llama “La Depravación Total”, que en verdad es la Inhabilidad Total. Creemos y enseñamos que el hombre está totalmente depravado, pero que Dios, en su voluntad soberana, dotó al hombre de la capacidad de escoger entre el bien y el mal, entre Cristo y el Diablo, entre el Cielo y el Infierno.

2 La Elección Incondicional

Calvino enseñó que Dios eligió, escogió o predeterminó que ciertas personas serían salvas e irían al Cielo. Muchos calvinistas contemporáneos declaran que no creen en la “doble predestinación”; es decir, que ellos no creen que Dios eligió o predestinó a la gente para ir al Infierno, pero que eligió solo a los que van a ir al Cielo. Si uno cree que Dios de hecho predeterminó que ciertas personas fueran al Cielo, eso requiere que uno crea también que todos los demás fueron predeterminados para ir al Infierno; es una consecuencia inevitable. Tocante a este asunto, Juan Calvino escribió:

“El reprobado, así como el elegido, es señalado por Dios como tales por el consejo secreto de Dios, y no por ninguna otra cosa” (Calvin’s Institutes II, xxii, Página 11)

En una carta a Christopher Liertet, Calvino escribió:

“Tú eres muy engañado si crees que los decretos de Dios pueden ser mutilados, en cuanto Él haya escogido a alguno para la salvación pero a ninguno a la destrucción. Tiene que haber una relación entre los elegidos y los reprobados.” (The Teaching of Calvin, Chapter Vl, Página 109).

En otra ocasión, Calvino escribió:

“Su suerte fue la elección directa e inmediata de Dios, justificada por sus vidas, pero no necesariamente como consecuencia de ellas. Pudo salvarles de su condenación así como lo hizo con los elegidos quienes no fueron más dignos de ser salvos, pero esa condenación fue establecida en la eternidad pasada, y nada de lo que había en ellos pudo transferirlos a la clase contraria, así como nada de lo que pueden ser los elegidos puede convertirlos en reprobados”. (Calvin’s Institutes III, iii, página 4).

Pero estas afirmaciones de Calvino son totalmente contrarias a la Palabra de Dios (1ª Timoteo 2:3-4, 2ª Pedro 3: 9, Hechos 17:30, Juan 3:16-17, Ezequiel 33:11).

Dios siempre ha dicho “Si alguno quiere…” (Marcos 8:34). “Todo aquel que cree…” (Romanos 1:16) ¿Qué significan estas palabras? Si interpretamos la Palabra de Dios consistente y literalmente, tenemos que concluir que Dios le dio al hombre el escoger. Enseñar la “doctrina” de la “Elección Incondicional”, es añadir a las Escrituras lo que Dios no enseña ni tampoco tenía la intención de que el hombre enseñara.

Lo que Juan Calvino enseñó, no fue “Elección Incondicional”, sino “selección arbitraria”. Si fuera un hecho que Dios hubiera seleccionado a algunos, distinguiendo moralmente a un hombre de otro, entonces Dios hace acepción de personas; y la Biblia dice en Romanos 2:11 y Hechos 10:34 que “no hay acepción de personas con Dios”.

Los bautistas fundamentales no aceptamos la enseñanza de Juan Calvino de la Elección Incondicional y la Condenación Incondicional de Dios, sino que creemos y enseñamos que todo aquel que quiere puede venir a Cristo por el ejercicio de su propia libre voluntad. Es nuestra responsabilidad darle a la gente el mensaje del Evangelio, dándoles así la oportunidad de escoger a Cristo y ser salvos, o rechazar a Cristo y perderse.

3 Expiación Limitada

Calvino enseñó que la sangre de Cristo se derramó solo para los elegidos, y enseñó que nunca fue para los que no fueron elegidos. El calvinista de hoy, para disfrazar su creencia, ha cambiado el tercer punto del calvinismo a “Expiación Particular”. Aunque es otro nombre, es la misma herejía. No importa cómo se llame, la enseñanza sigue siendo falsa doctrina. La Biblia es muy clara en este punto, como lo es en cualquier doctrina. Hebreos 2:9 declara que Cristo gustó la muerte por todos. Y 2ª Pedro 2:1 dice:

“Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.”

En 1ª Juan 2:2 dice:

“Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.”

Este versículo no dice, ni implica, que Cristo haya gustado la muerte solo por los “elegidos”, ni que haya sido la propiciación solo por los “elegidos”. Enseñar que Cristo muere solo por los elegidos es herejía. La doctrina de la “expiación limitada” es una doctrina condenable y condenadora, porque enseña que la sangre de Cristo no ha sido derramada para toda la humanidad desde el comienzo de la creación.

Habrá quienes dirán que aceptan los otros cuatro puntos de la enseñanza de Calvino, pero que rechazan la Expiación Limitada. Pero si uno acepta la enseñanza calvinista acerca de la Inhabilidad Total, y la Elección Incondicional, no tiene más alternativa que aceptar la enseñanza de la Expiación Limitada. Es imposible aceptar una sin aceptar la otra, porque es un conjunto filosófico.

No es posible pretender que la sangre de Cristo fue derramada por todos los hombres, a la luz de la declaración de Calvino:

“Los reprobados, así como los elegidos, son escogidos para ser tales por el concilio secreto de la voluntad de Dios.” (Calvin´s Institutes III, xxii, Página 11) y “… su condenación fue determinada desde la eternidad pasada, y nada podría transferirlos a la clase opuesta.” (Calvin’s Institutes III, iii, Página 4).

Los bautistas fundamentales no aceptamos la enseñanza de Juan Calvino tocante a la Expiación Limitada. Creemos y enseñamos que la sangre de Cristo fue derramada para todos los hombres, y que es efectiva para la purificación de los pecados de todo aquel que se acerca a Cristo.

4 Gracia Irresistible

Seguidamente a la Elección Incondicional, Juan Calvino enseñó que, si una persona fuera uno de los que elegidos para la salvación, ocurriría que en el momento en que Dios está (o estaba) listo para que esa persona se convirtiera en cristiano, la persona vendría a Cristo, pero no por su propia voluntad, sino como un autómata que no puede resistir la gracia de Dios.

Nuevamente, como en el caso de la Expiación Limitada, encontramos que el calvinista contemporáneo intenta disfrazar o esconder su doctrina. Podrán cambiar el nombre de la enseñanza de la Gracia Irresistible por otro nombre, pero sigue siendo la misma herejía.

Dios es un Dios soberano. Creemos, aceptamos, nos regocijamos y nos gloriamos en esa verdad. Sin embargo, Dios, siendo Soberano, escogió darle al hombre una voluntad libre y la capacidad de escoger o rechazar el Evangelio.

Dios no creó un robot que vendría a Cristo mecánicamente. Efesios 1:12 dice:

“a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo.”

¿Qué gloria o qué alabanza habría en el hecho de que aceptáramos a Cristo si no tuviéramos alternativa en el asunto? ¿Qué significaría si no pudiéramos resistir su gracia? No significaría nada.

Juan Calvino se refería, con frecuencia, a Juan 6:44-45, como prueba de su posición:

Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. 45 Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí.” (El énfasis es mío.)

Pero estos mismos versículos refutan la enseñanza de Juan Calvino acerca de la “Gracia Irresistible”:

La palabra “trajere”, no significa “forzar”. De acuerdo a otros textos en la Palabra de Dios, no puede significar un “atracción irresistible”. La misma palabra “helkuo”, que se traduce “trajere” en el vs. 4, se encuentra en Juan 12:32, que dice:

“Y yo, si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo.”

Si la palabra “trajere”, en Juan 6:44, enseña Gracia Irresistible, entonces, la Biblia enseñaría en Juan 12:32 que todos los hombres son irresistiblemente atraídos a Cristo. Sin embargo, todos (hasta los calvinistas) reconocemos que esto no está sucediendo, y que esto no significa en Juan 6:44. La palabra “trajere”, en Juan 6:44, significa lo mismo que “atraeré” en Juan 12:32. Esto está en armonía con toda la Palabra de Dios:

  1. Dios alumbra a todos los hombres (Juan 1:9).
  2. Dios convence a todos los hombres (Juan 16:8).
  3. Dios atrae a todos los hombres (Juan 12:32).
  4. Dios deja la decisión a cada hombre (Juan 3:16).

La frase “Gracia Irresistible”, es un oxímoron, porque en sí misma se forma de términos mutuamente contradictorios: Si es irresistible, no es gracia. Si es gracia, no es irresistible. Una gracia irresistible destruiría la cualidad personal de la relación entre Dios y el hombre, que es establecida por la gracia, e involucra la respuesta libre de la voluntad del hombre al amor y la gracia de Dios.

Vemos la gracia de Dios rechazada por el hombre en Proverbios 1:24-35:

“Por cuanto llamé, y no quisisteis oír, Extendí mi mano, y no hubo quien atendiese, 25 Sino que desechasteis todo consejo mío Y mi reprensión no quisisteis,”

Y luego en Mateo 23:37:

“¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas, y apedreas a los que te son enviados! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!”

Y Juan 5:40 añade:

“y no queréis venir a mí para que tengáis vida.”

En Hechos 7:51, Esteban dice:

“¡Duros de cerviz, e incircuncisos de corazón y de oídos! Vosotros resistís siempre al Espíritu Santo; como vuestros padres, así también vosotros.”

(Vea también Mateo 22:3 e Isaías 65:12)

Los bautistas fundamentales creemos que Dios alumbra a todo hombre que viene al mundo (Juan 1:8). Creemos y enseñamos que la gracia de Dios puede ser rehusada o aceptada. No aceptamos la enseñanza de Juan Calvino de que la gracia de Dios es irresistible. No hay un solo pasaje en la Escritura que enseñe que la gracia es impartida irresistiblemente.

5 La Perseverancia de los Santos

Muchos confunden esta enseñanza con la doctrina de la seguridad eterna del creyente, o como la describimos los bautistas: una vez salvo, siempre salvo.

La enseñanza de Calvino acerca de este punto, fue totalmente diferente a la doctrina bíblica de la seguridad de la salvación del creyente. Calvino enseñaba que una persona que es de los “elegidos”, perseverará. Su enseñanza no tenía nada que ver con el poder guardador de Dios. Si el individuo es elegido, sería imposible perderse, no por la gracia salvadora y guardadora de Dios, sino por el simple hecho de ser uno de los elegidos. Enseñaba que si uno no “perseveraba” hasta el fin, después de todo, no era de los “elegidos”, sino que había sido solo un impostor, un falso profesante. Su énfasis estaba de acuerdo con el título de la doctrina, porque fue la perseverancia de los mismos santos, y no porque los santos hayan sido sellados por el Espíritu Santo, lo que los mantuvo guardados por el poder de Dios. La enseñanza de Juan Calvino es totalmente diferente a la doctrina bíblica acerca de la seguridad eterna del creyente, y ajena a la Biblia. Los versículos que enseñan que el creyente es guardado por el poder de Dios incluyen, pero no están limitados, a Juan 10:28,29; Romanos 8:35-39; Efesios 4:30; y 1ª Pedro 1:4, 5.

Conclusión

Quisiéramos hacer varias observaciones, en referencia al asunto de la soberanía de Dios, la voluntad libre del hombre y la falsa enseñanza extraña de Juan Calvino. El objetivo es que Dios sea glorificado y el creyente librado de estas enseñanzas falsas.

1 La Soberanía de Dios

Nosotros creemos en la Soberanía de Dios, pero creemos que en relación a la salvación, Dios deja la decisión final con el hombre. Dios ha diseñado un plan de salvación en que le ha dado al hombre la voluntad libre para aceptar o rechazar ese plan. Creemos, sin duda, que Dios sabía, desde antes de la fundación del mundo, quién aceptaría a Cristo, y quién escogería rechazar a Cristo. 1ª Pedro 1:2 dice:

“elegidos según la presciencia de Dios Padre…”

No creemos que Dios decidió, determinó, eligió, o seleccionó a quién recibiría y quién no recibiría a Cristo.

2 Los términos que confunden

En referencia a los términos calvinistas modernos, hay mucha confusión y mala interpretación. Son llamados “calvinistas”, “hypercalvinistas”, “calvinistas de cinco puntos”… de cuatro, tres y dos puntos”, “hiper, supra o infra lapsarios”, etc. Pero los cinco puntos del calvinismo que mencionamos aquí, son como las fichas de dominó que permanecen o caen todos juntas. No es posible derribar uno de ellos y sostener los otros cuatro.

3 La Voluntad Libre del Hombre

Ciertamente que alguien tuvo que decidir en cuanto a la salvación. En la enseñanza de Calvino, ese “alguien” fue Dios. Para aceptar esta doctrina, uno tiene que aceptar que Dios, en la eternidad pasada, seleccionó a los que serían y a los que no serían salvos, y que la decisión de Dios no fue relativo a ninguna cosa que podría distinguirlo a uno moralmente de otro.

Los bautistas fundamentales rechazamos los cinco puntos de la enseñanza llamada “calvinismo”, porque se originó en el Infierno, porque fue presentada en las enseñanzas de Agustín, un “santo” católico del siglo IV, y que se ha hecho famosa, causando mucha confusión por Juan Calvino, de la Iglesia Reformada, la hija del catolicismo, del siglo XVI.

Juan Calvino escribió comentarios sobre la mayoría de los libros de la Biblia, que recibieron la recomendación de Karl Barth, el famoso pero errado teólogo, quien los llamó “mejores que la mayoría”[6].

Hay una forma muy sencilla de detectar a un hereje, o los que enseñan la falsa doctrina. Hágale la pregunta: “¿Qué tiene que hacer una persona para ser salva?” Si se le hace la pregunta a una persona que cree y enseña la doctrina de Juan Calvino, y contesta: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo…”, entonces su respuesta implica la voluntad libre del hombre, y su respuesta contradice su doctrina. Lo que el “calvinistadebería contestar, para estar en armonía con su doctrina, es:

“Para que una persona sea salva, tiene que ser uno de los ‘elegidos’, y entonces podrás creer en el Señor Jesucristo y ser salvo. Si uno NO es uno de los ‘elegidos’, entonces no hay nada que uno puede hacer para ser salvo.”

También podría contestar:

“Tiene que esperar hasta que haya una ‘atracción’ que uno no puede resistir, entonces puede ser salvo automáticamente si es uno de los ‘elegidos’.”

Resumen

En realidad, la doctrina calvinista está diametralmente opuesta al verdadero y sencillo mensaje del Evangelio de Cristo, y es un ataque abierto contra él. Es una herejía enseñar que Dios, en la eternidad pasada, sin respetar la decisión que Él, por su presciencia, sabía que haríamos, escogiera a algunas personas para ir al Cielo y predestinara a otros para ir al Infierno. En 1ª Juan 2:2, la Biblia dice:

“Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.”

La Soberanía de Dios, la Voluntad Libre y la Responsabilidad del Hombre.

Nos han dicho muchas veces que hay dos grandes doctrinas de la Palabra de Dios: La Soberanía de Dios, y la Voluntad Libre del hombre. Nos han dicho que tenemos, obligatoriamente, que aceptar ambas doctrinas, aunque en nuestras mentes finitas no las podemos reconciliar.

Si con decir que Dios es soberano, uno quiere dar a entender que Dios es 100% dominante en 100% de los asuntos del hombre, comenzando con su salvación, entonces tenemos que rechazar este concepto de la “soberanía” de Dios.

Aceptamos el hecho de que Dios podría, si así lo decidiera, ejercer su soberanía o dominio en cada detalle minucioso de la vida del hombre. Que Dios podría hacer esto no es debatible, porque Él es Dios, y puede hacer lo que desea. Sin embargo, nosotros sabemos por las Escrituras que Dios, en su soberanía, a propósito se limitó a Sí mismo, dándole al hombre una voluntad libre. Esto de ninguna manera desacredita ni deshonra la soberanía de Dios.

Creemos que Dios conoce (y que conoció desde antes de la fundación del mundo) cada decisión que haría el hombre, y cada detalle de la vida del hombre (1ª Pedro 1:2). No aceptamos la enseñanza de que Dios decretó todas esas decisiones, esos detalles y esas acciones. Si la soberanía de Dios se extiende más allá de la voluntad libre del hombre, o si se dice que la voluntad libre del hombre siempre actúa en completa armonía con los decretos soberanos de Dios, entonces los así llamados “decretos soberanos de Dios” están en continuo conflicto con la Palabra, la naturaleza, el carácter y la santidad de Dios.

La posición calvinista presenta miles de problemas teológicos, que son inaceptables a la luz de la revelación divina. Que el hombre lleve a cabo decretos preordinados crearía una existencia mecánica que no dejaría lugar para la responsabilidad humana, y cualquier intento de Dios de juzgar al hombre por su pecado sería injusto. Y sobre todas las cosas, Dios es justo. La posible lista de las inconsistencias en esta enseñanza podría ser interminable. Pero esto ilustra claramente el punto.

El hombre tiene una voluntad libre y actúa independientemente, no del conocimiento de Dios, sino de su soberanía, porque Dios decidió que el hombre tendría ese privilegio, y lo dotó con esa capacidad. El hombre es responsable por sus decisiones y sus acciones.

Para concluir, el texto de Efesios 1:4 dice que todo creyente es elegido “en Cristo”, es decir, que fuera de Cristo no puede haber elección alguna. Si Dios elige a individuos en el pasado, sin que éstos estuvieran en Cristo, sería una declaración de que el Evangelio es una falsedad, porque los que creen realmente ya estaban elegidos, y por tanto, ya eran salvos inevitablemente, por lo que la cruz es una broma de mal gusto´, porque en esencia no tendría sentido alguno.

 

[1] La palabra “predestinó”, en griego es el término “proorizo”, que es un verbo aoristo activo, en modo indicativo, de la tercera persona singular. Es la obra de Dios en las personas que han sido “elegidas”, y no es una acción sobre nadie que no haya sido elegido anteriormente. Los impíos no son predestinados.

[2] La Sagrada Biblia, por Félix Torres Amat, Notas, sobre Predestinación, pág. 1422.

[3]Ibid, pág. 1452.

[4] El concepto de Agustín sobre un Dios déspota soberano, es similar al concepto musulmán de Alá, un Dios cuya predestinación es fatalista.

[5] Esta ambigüedad y cambios de afirmaciones son comunes en el calvinismo. Lo podemos ver en las afirmaciones de Charles Spurgeon.

[6] Un buen calvinista sigue a personajes que han negado la Biblia, la deidad de Cristo o la inspiración de las Escrituras, como Dietrich Bonhoeffer; Karl Barth; Paul Tilich, Sören Kierkegard, R.C. Ryle, entre otros, y actualmente a John Macarthur, Paul Washer, Sugen Michelen y Miguel Nuñez. O es miembro de una iglesia Bautista Reformada.