¿Enseña la Biblia que la mujer puede ser pastora?

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A este respecto, es importante señalar que las funciones dentro de la iglesia no tienen que ver con su sexualidad, si es varón o mujer. Las funciones son designadas por Dios con el fin de que la humanidad pueda funcionar adecuadamente, ser feliz y desarrollarse completamente.

El tema del pastorado femenino ha tenido mucho que decir en los últimos años, y se han escrito grandes libros a favor o en contra; han surgido mujeres talentosas que han asumido cargos que tradicionalmente eran solamente representados en los varones. Y es bueno que la mujer aprenda, prospere y crezca; es bueno que participe activamente en todos los quehaceres humanos y pueda ser una participante clave en el desarrollo de la Humanidad. Pero cuando los roles entre el varón y la mujer son tergiversados, es imposible que no venga el caos. Y el pastorado no es la excepción.

En la Biblia se enseña y muestra que solamente los varones han ejercido cargos ministeriales espirituales dentro del pueblo de Dios, en cada una de las dispensaciones se puede reflejar esto. No se exime el papel de la mujer en relación a su ministerio, pero Dios ha especificado cómo debe ser practicado, dónde y bajo quién. Y eso no lo podemos cambiar. Nosotros creemos que la mujer no debe predicar “en los cultos públicos”, bajo los siguientes argumentos:

El Argumento Teológico

Quizá esta verdad aclare las dudas de casi cualquiera, pero sin embargo, es solamente la punta del iceberg. Cuando Dios creó a Adán y a Eva, le dio toda la responsabilidad de “sojuzgar” y “dominar” la tierra “al hombre” (Gen. 1:26). Esa responsabilidad no es solo del varón, es del hombre, un término bíblico que incluye, en el pasaje de Génesis 1, al varón y a la mujer. Dios creó al hombre a su imagen, y este resultó en varón y mujer (v. 27). Para Dios, un “hombre” se completa con la mujer, no solo con el varón. Con el pasar del tiempo, el término “hombre” comenzó a designar solamente al varón; pero en los primeros capítulos de la Biblia y otros más, siempre designa a ambos.

Pero quien peca es Adán, de forma adrede, y no Eva. La Biblia es clara en señalar que la responsabilidad de predicar y enseñar recae sobre el varón porque fue el varón quien pecó. Este es el argumento teológico para indicar que la mujer no debe predicar:

Se dice claramente que el pecado entró por el hombre Adán, no por su esposa Eva (Romanos 5:12-21). Debido a esto, es el varón el responsable directo de enmendar la causa.

La mujer fue “engañada”, ella no incurrió voluntariamente en el pecado (1ª Timoteo 2:13-15). Debido a esto, ella no tiene la autoridad de predicar y corregir, porque a ella no le ha sido designado (1ª Timoteo 2:11-12). No hablamos de capacidades, sino de autoridad. Es el mismo argumento en 1ª Corintios 14, donde se les prohíbe hablar en lenguas y profetizar en la iglesia (1ª Corintios 14:34-35).

Pero si se observa, la prohibición es dentro de un culto donde la iglesia se reúne. No pueden predicar cuando es un culto oficial de la iglesia.

El argumento moral

El otro argumento es moral. La Biblia nos da los requisitos de los pastores (obispos) en 1ª Timoteo 3. Un pastor debe tener estos requisitos en su vida para que la iglesia lo reconozca como pastor. Algunos requisitos son para desarrollar, porque equivalen al carácter y temperancia de una persona, tal como “decoroso”, “hospedador”, “no iracundo”, etc. Pero el segundo requisito es de carácter moral, y es imposible cumplirlo soltero, divorciado o no siendo varón: “marido de una sola mujer”. Este requisito no puede ser cumplido por varones divorciados o solteros, o por una mujer, porque equivale a la moral social dentro del cristianismo. ¿Cómo puede un divorciado decir que es casado “con una sola mujer”? ¿Y cómo dirá un soltero que es “casado con una sola mujer”? ¿Y cómo dirá una mujer que es “casada con una sola mujer”? En la Biblia no se promueve el divorcio, ni tampoco la soledad ministerial, y mucho menos el lesbianismo; el Señor está contra todo esto.

El Argumento de servicio

Debemos entender que el pastorado “no es un privilegio”, es una función dentro del cuerpo de Cristo. El pastor no es superior a ningún otro miembro, es solamente una oveja más con una responsabilidad diferente. Si vemos el pastorado como un privilegio, podemos considerar discriminatorio que unos pocos puedan ser pastores; pero al verlo como un servicio, entendemos la función.

Un pastor no solamente debe ser llamado por Dios, sino que debe ser reconocido por la iglesia y estar preparado intelectualmente para ello. Si Dios designó a ciertos varones a ser pastores, y no a todos, es comprensible que haya muchos que se autoproclaman pastores sin tener el llamado de Dios, terminando en engañadores. Del mismo modo, muchos se hacen pastores sin la preparación académica correspondiente. Jesús dedicó 3 años a formar a sus pastores; por lo menos un pastor debería durar ese equivalente en un Seminario formándose adecuadamente.

Cuando las mujeres o los jóvenes quieren asumir un servicio como un privilegio, entonces se produce el desorden dentro del cuerpo. El profeta Isaías dijo: “Los opresores de mi pueblo son muchachos, y mujeres se enseñorearon de él. Pueblo mío, los que te guían te engañan, y tuercen el curso de tus caminos” (Isaías 3:12). Las iglesias modernas están engañadas porque se desobedece el principio de funcionalidad dentro de las iglesias.

Entonces, ¿no puede hacer nada la mujer en la iglesia?

Bíblicamente, lo único que no puede hacer es predicar en los cultos principales, pero puede orar, ser maestra de Escuela Dominical, dirigir centros de estudio, adoctrinar a otros, dar discipulados, predicar en estudios de casas, etc. Obviamente que debe tener “señal de autoridad sobre su cabeza” (1ª Corintios 11:10), principalmente que sea casada y esté bajo la dirección pastoral.

En Gálatas 3:28 dice el Señor que no hay diferencias espirituales entre un varón y una mujer, pero eso no significa que el orden sea alterado. Dios no es un Dios de desorden, sino de orden. Sabemos que hay mujeres más aptas que muchos varones, pero eso no le da el derecho de romper el orden establecido por Dios. Dios nos llama a ser obedientes, y es un mandamiento a ambas personas.

Débora es un excelente caso. Ella fue una “jueza de Israel”, pero nunca usurpó el lugar del rey; nunca fue a la guerra, siempre eran los varones los que iban; ella aconsejaba y orientaba al rey, pero no desplazó al rey, a pesar de que tuvo la oportunidad. Barac era un cobarde, pero Débora era valiente; así que en lugar de desplazar al rey, Débora lo animaba a hacer su trabajo y a servir a Dios. Las mujeres que Dios ha dotado de capacidades superiores, deben ayudar en el ministerio, no oponerse a él.