Bautizo, Bautizar

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Estas dos palabras, bautizar, bautizo, no son palabras propias del español, sino que son un préstamos del griego, por lo que no tiene un significado propio dentro del lenguaje español, y han de ser  analizadas desde el concepto griego para su comprensión. El único significado que podría corresponderle es aquel que viene directamente del griego, ya que ha sido transcrita de forma completa a nuestro españo. Si observamos detenidamente la palabra, son apenas pocas letras las que se cambian o sustituyen para que la palabra «bautizar» aparezca en español. El verbo griego es «βαπτίζω» (baptizo), que cambiando la «p» por la «u», y cambiando la terminación «ω» por «ar», nos da el verbo español «bautizar»; y el sustantivo es «βάπτισμα» (baptisma), que de la misma forma, se transcribe casi de forma literal, formando «bautismo».

El término en griego fue empleado para diferentes significados, entre los que encontramos la idea de «rellenar un dibujo», para referirse a «un barco que se hundió», y otras, pero siempre con la idea de «sumergir completamente». Se utilizaba cuando una persona iba a bañarse a un río y quedaba literalmente «hundido» en el agua; del mismo modo que se empleaba para cuando persona se «empapaba absolutamente». La equivalencia de este término, en sus diferentes usos, en nuestro español, serían: «hundido», «sumergido», «zambullido», «cubierto por el agua».

Muchos escritores griegos emplearon la palabra con la sola idea de «sumergir». En el libro 9 de la Odisea, se utiliza el término cuando se compara el ojo de fuego del cíclope con el sonido del agua, cuando un herrero sumerge «baptizo», un trozo de hierro para templarlo. Eurípides usa la palabra en referencia a un barco que se hunde y queda totalmente cubierto por el agua. Lucian sueña que ha visto unos enormes perdigones con una flecha que silbaba, porque iba volando muy alto, y que se «tiñe» (baptizo) de sangre. Un antiguo escolio para el Quinto Libro de la Iliada, menciona a un solado herido «empapado» (baptizo) en su sangre. En la Anábasis de Jenofonte tenemos el caso en el que los soldados griegos «hundieron» (baptizo) las puntas de sus lanzas en un tazón lleno de sangre. Este uso de la palabra «baptizo» en el griego clásico, puede demostrar que su uso es siempre la de «sumergir», y nunca otra forma.

En el griego koiné, que es el griego del Nuevo Testamento, tenemos ejemplar de papiros, de la versión de los LXX y del mismo Nuevo Testamento, acerca de cómo se usó este término. Al observar los documentos seculares de la época del uso del griego koiné, se reportan los diferentes usos de «baptizo»: «un bote sumergido, ablusiones ceremoniales, una persona abrumada o hundida en calamidades». Afirman que el uso metafórico de la palabra era usada incluso en las personas educadas. Un ejemplo bíblico del uso de esta palabra la encontramos en la boca de nuestro Señor cuando habla de su Pasión como un «bautismo» (Mr. 10:38). Asimismo se indica que el uso de baptizo se aplicaba a lavadores y tintoreros, porque la palabra habla de prendas teñidas con determinados colores, así como de la lana sumergida. El término baptizma se encuentra en un antiguo informe sobre una persona recién convertida por la predicación. El uso de baptismo como sumergir es el uso peculiar y propio de todo el Nuevo Testamento, y los escritores de la iglesia de aquella época.

 Etimológica y literariamente, el término griego para «bautismo» nunca ha incluído la idea de «rociar», o «asperjar» a alguien o algo; siempre tiene el sentido de un «lavado absoluto por la inmersión», como hacían los lavadores y curtidores de aquella época.  Así que, no es bíblico ni válido el bautismo por aspersión o rociamiento, porque solamente significa «sumergir» en todos los sentidos.

Ejemplos de las Escrituras

Existen muchos ejemplos de las Escrituras acerca del «bautismo» y su verdadero significado. En el AT encontramos en Levítico 4:6: «Y mojará el sacerdote su dedo en la sangre…» El término «mojará» traduce el término hebreo «טָבַל», que significa «sumergir, hundir, teñir, meter». El verbo hebreo incluye la idea de «sumergir». Cuando este texto se tradujo al griego, en todas las ediciones de la LXX, el término es «baptizo», porque incluye la misma idea de sumergir, muy diferente de la idea de «rociar». El sacerdote «rociaba» la sangre después de «bautizar» su dedo en ella.

En el Nuevo Testamento tenemos un ejemplo muy parecido al de Levítico. En la historia del rico y Lázaro, el rico pide que Lázaro «meta» (baptizo) su dedo en el agua y le dé al rico para refrescar su lengua (Lc. 16:24). El ejemplo es el mismo con el uso del dedo. En Hebreos 9:10, el término baptisma se usa para referirse a las ablusiones judías de muchos lavamientos, por lo que la RV60 traduce «ablusiones», y la RV09 traduce «lavamientos». En Marcos 7:4 se emplea el término baptizo para referirse a los lavamientos de vasos y platos, un rito judío que consistía en sumergirlos antes de proceder a lavarlos en agua corriente. «Baptisma» se usa en Mateo 3: 7, y «baptizo» en Mateo 3:16, y 1ª Corintios 1:14, acerca del rito del bautismo en agua. En Marcos 10:38, nuestro Señor habla de su sufrimiento en la cruz como el «baptisma», con el que Él ha de ser «baptizo». En estos ejemplos pudimos ver que hay varias formas de usar las palabras «bapto» y «baptizo», tanto en forma mecánica, cremonial y metafórica.

En estos ejemplos de los diversos usos de las palabras «bapto» y «baptizo», descubrimos usos distintos de árboles, uno mecánico, un ceremonial, y una metafórica